lunes, 26 de marzo de 2018

Exposición `¿Fronteras?´ en Valladolid

Hoy quiero presentaros uno de los últimos proyectos que he comisariado. Se trata de ¿FRONTERAS?, una exposición inaugurada el pasado 7 de marzo en el Museo Patio Herreriano de Valladolid con el apoyo de la Red de Ciudades Creart. En ella se enseñan obras de dos artistas europeas (Bettina Geisselmann y Ana Kovačić), ambas seleccionadas entre los 54 creadores presentados en una convocatoria pública. 

La muestra estará abierta hasta el próximo 15 de abril y para animaros a visitarla os dejo aquí el texto publicado en el catálogo. ¡Espero que os guste!

© José Ignacio Gil

¿FRONTERAS?

La segunda mitad del siglo XX fue un ejemplo de unión entre naciones y fin de las fronteras. Y a eso ayudó el desarrollo de la globalización, la transformación digital y la aparición de nuevas tecnologías. Pero en este siglo XXI parece que hemos vuelto al pasado. Es paradójico que estando en el momento más digital y tecnológico de la historia, estemos más separados de lo que nunca antes hayamos estado. Tan sólo hay que abrir los periódicos para leer noticias sobre movimientos nacionalistas, líderes xenófobos, muros entre países o rechazo de inmigrantes. Como afirmó Ferran Montesa (de 'Le Monde Diplomatique'), “hoy seguimos hablando de esa aldea global, pero lo cierto es que hay más fronteras que nunca. En pleno siglo XXI, se construyen más muros de contención de los que jamás habían existido.” En este mundo hiperconectado, han vuelto las fronteras y parece que quieren quedarse. 

En un contexto como este, se inaugura la primera Exposición Dual de la Red de Ciudades CreArt en la Sala 0 del Museo Patio Herreriano. Con el titulo ¿Fronteras?, la exposición presenta obras realizadas por Bettina Geisselmann y Ana Kovačić que reflexionan sobre cómo las fronteras nos afectan a nosotros y a nuestro entorno desde puntos de vista distintos.

Geisselmann, alemana de nacimiento pero residente en Valladolid, presenta la instalación Horizontes Transitables. Compuesta por 28 vidrios colgados del techo, la obra es una oda a las fronteras existentes en la actual Unión Europea y cómo estas han cambiado a lo largo de la historia. Su planteamiento es interesante. Cada una de las piezas de vidrio tiene marcados dos elementos visiblemente diferenciados: por un lado la frontera de algún país europeo en un momento histórico específico (dibujada con soldadura de estaño); por otro lado unas huellas más tenues presentes en el propio vidrio que representan fronteras aún anteriores de ese país. Todos esos trazos parecen cicatrices que han sido curadas y que, de alguna forma, forman parte de la anatomía de la Europa que hoy conocemos.

© José Ignacio Gil

Si vemos toda la instalación desde fuera, como un conjunto, da la sensación de que vemos un mapa global del continente, sin orden espacio-temporal, en el que se respira continuidad y unión. Pero si andamos entre las piezas, nos convertimos en viajeros que pueden ver de cerca todas esas heridas pasadas (y ver no sólo cómo estas afectan al territorio -representado por el vidrio-, sino cómo afectan al resto de personas que caminan entre la instalación y cuya silueta se refleja en cada pieza). Lo bueno es que gracias a esa cercanía podemos darnos cuenta de la fragilidad simbólica  de las fronteras que nos dividen: aunque la instalación parezca dura e impenetrable en su conjunto (representando la aparente resistencia de Europa), cada pieza está hecha de materiales delicados que en cualquier momento podrían romperse y estallar en pedazos. 

La croata Ana Kovačić, por su parte, presenta en esta exposición su video Where is home, que recoge testimonios de emigrantes croatas que cruzaron sus fronteras rumbo a Alemania en busca de un futuro mejor. La artista ha sido capaz de captar con su cámara la dualidad en la cual se encuentran muchos de estos emigrantes: quieren adaptarse al país en el que se encuentran sin olvidar la cultura de aquel lugar en el que nacieron. Eso provoca una serie de problemas evidentes: en primer lugar sufren diferencias generacionales (a los más mayores les cuesta integrarse mientras que los más jóvenes son ya parte del nuevo mundo); en segundo lugar padecen los rechazos sociales (para los locales no dejan de ser extranjeros que vienen de fuera y para sus amigos de la infancia son aquellos que se fueron y les dejaron atrás); y en tercer lugar conviven con sus conflictos interiores (muchos se debaten entre sus deseos actuales de mejorar en un país extranjero y los recuerdos pasados del territorio que les vio nacer y al que les gustaría volver). Esos problemas generacionales, sociales y mentales no son más que otro tipo de fronteras que, al igual que las fronteras físicas, crean cicatrices en los personas difíciles de borrar.

© José Ignacio Gil

Ambas obras terminan de alguna forma dialogando para mostrar a los visitantes cómo las diferentes fronteras existentes (las geográficas, las sociales, las mentales y las generacionales) dejan cicatrices imborrables en los ciudadanos que las habitan. Nuestro pasado y nuestro presente, nuestra memoria histórica y nuestras vivencias actuales, marcan nuestra forma de relacionarnos con el mundo. 

Para terminar, os dejo aquí el video 
realizado para presentar la exposición:


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