martes, 20 de febrero de 2018

Las hermanas Brown: el paso del tiempo en cuarenta imágenes

Texto escrito para la Fundación Mapfre

Recuerdo con mucha nitidez la primera vez que me crucé con el proyecto fotográfico The Brown Sisters. Recorría una pequeña librería del centro de Madrid cuando un amigo, fotógrafo de profesión, dejó caer en mis manos un pequeño catalogo sobre este trabajo publicado por el Museo de Arte Moderno de Nueva York. “Te encantará”, agregó con una seguridad pasmosa. Comencé a hojear preocupada por las altas expectativas y con bastante desconfianza, pero reconozco que mi resistencia cayó después de unas cuantos páginas. Las imágenes me cautivaron de tal manera que aún sigo recordando la mezcla entre emoción, turbación y desconcierto que me provocaron en solo un momento. 


Por supuesto esa misma noche no pude hacer otra cosa que buscar más información sobre el proyecto. Su autor, el estadounidense Nicholas Nixon, comenzó la serie en la década de los setenta, más específicamente en agosto de 1974. Fue en ese verano cuando, durante una reunión familiar, decidió tomar una fotografía de su mujer, Bebe, junto a sus tres hermanas (Mimi, Laurie y Heather). Aunque esa primera imagen no funcionó y fue rechazada, repitió la acción al año siguiente, esa vez con éxito. Lo que había comenzado como un acto espontáneo y fortuito, se convirtió casi en una tradición: Nixon siguió retratando a las hermanas cada año durante las siguientes cuatro décadas. La serie se convirtió pronto en una de las más longevas y famosas del americano, capaz de transmitir numerosos detalles, sutilezas y sensaciones. Pero ¿qué es lo que realmente atrapa de este trabajo? 

En primer lugar, atrae la sencillez y naturalidad que se respira en todo el proyecto. Es cierto que la composición de todas las fotografías está estudiada y sigue los mismos parámetros establecidos en la primera imagen (idéntico formato en blanco y negro, iluminación natural, misma colocación de los sujetos y casi misma posición), pero todas esas medidas formales parecen querer evitar que nuestros ojos se despisten con nimiedades: el fotógrafo evita cualquier atrezo o distracción para que nuestra mirada se concentre en las cuatro hermanas. Son ellas las verdaderas protagonistas y sus retratos destilan simplicidad, sinceridad y realismo. Aparecen tal cual son en distintas épocas, sin vestimentas elegantes ni maquillajes espectaculares, sin ornamentos ni decoraciones. Ellas, y solo ellas, con su belleza, sus imperfecciones y sus marcas. 


Enamora, también, la capacidad de este proyecto para captar el paso del tiempo…o, mejor dicho, “los cambios y transformaciones que el transcurrir del tiempo ha ido ocasionando en sus sujetos y en las relaciones que establecen entre ellos”, tal como escribió el periodista Manuel Rodríguez Rivero. Nixon nos brinda el privilegio de asistir al crecimiento desigual de cuatro chicas de Cincinatti, tanto física como espiritualmente: a través de cuarenta imágenes, los espectadores descubrimos los cambios en sus cuerpos, la aparición de sus arrugas o sus cambios de peinado, pero también la evolución de sus miradas y actitudes desde la rebelde juventud a la serena madurez. No puedo dejar de pensar en una frase atribuida a Ingmar Bergman que dice: “Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”. Este proyecto es, sin duda, la representación visual de esta afirmación. 

Pero aparte de representar ese crecimiento físico y espiritual, este proyecto es capaz de mostrar, además, la relación entre las propias hermanas. Todas ellas son unas autenticas desconocidas ante nuestros ojos (no sabemos por qué sonríen, si tienen familia, o si padecen alguna enfermedad), pero podemos respirar la buena sintonía que existe entre ellas. Y lo más curioso es que esa sintonía evoluciona de forma visible con el paso del tiempo: en las primeras imágenes, cada una parece reclamar su propia individualidad pero, con el transcurso del tiempo, el espacio entre ellas es más estrecho presentándose casi como una unidad. Poco a poco se tocan más, se abrazan más, se acercan más, como si su individualidad fuera teniendo menos importancia y su hermandad, su conexión, fuera más fuerte. 


Me gustaría destacar, por último, otro un punto importante: es erróneo pensar que nosotros, los espectadores, somos solo testigos de lo que ocurre dentro de los retratos. En todas las imágenes las cuatro protagonistas nos miran a los ojos, como si nos quisieran avisar de que nosotros tampoco nos escapamos del paso del tiempo. Representando el envejecimiento de unas mujeres a las que no conocemos, Nixon nos advierte de que sus transformaciones son también las nuestras. Tal como dijo hace unos años Pablo Jiménez Burillo, Director del Área de Cultura de Fundación Mapfre, esta serie “tiene una extraña capacidad para hablarnos del tiempo, de la vida y de nosotros mismos”. Con muy poco, Nicholas Nixon capta uno de los miedos más extendidos entre los hombres: nuestra propia mortalidad. 

Este cóctel de ideas y sensaciones es capaz de cautivar al público más reacio y difícil. Con su sencillez y aparente ingenuidad, nos encontramos ante un proyecto digno de recordar.

viernes, 9 de febrero de 2018

#Womanarthouse: Billie Zangewa

A pesar de enfrentarnos al frío y a la cuesta de enero, #Womanarthouse sigue su aventura semana a semana. El pasado lunes 29 de enero pusimos otra piedra en el camino, presentando un hilo nuevo en Twitter dedicado a la artista africana Billie Zangewa. En este texto se resume todo aquello que se contó sobre ella. ¿Os animáis a seguir leyendo?


De madre sudafricana y padre Malaui, Zangewa nació en 1973 en Blantyre (Malawi), y creció y se educó entre su país de origen y Botswana. Quiso ser artista cuando era muy joven gracias a un evento fortuito: se enamoró del dibujo hecho por una amiga. En ese instante “supe que llegar a las personas de esa forma era lo que quería hacer. Desde ese momento en adelante dibujé cada día.”
A la hora de ir a la universidad, la artista se trasladó a Sudáfrica para estudiar la licenciatura de Bellas Artes en la Rhodes University de Grahamstown. El país la conquistó y actualmente vive y trabaja en Johannesburgo… pero no todo fue de color de rosa. Su llegada a Johannesburgo no fue precisamente fácil: “fui excluida de la comunidad. Sin embargo, soy una persona increíblemente determinante y eso no me detuvo. Encontré un camino para llegar.”

Con el tiempo Sudáfrica se ha convertido, a pesar de las dificultades, en su hogar. Pero eso no ha evitado que disfrutará de largas temporadas en Europa realizando residencias artísticas. Cuando se le pregunta qué diferencias existen entre un continente y otro, Zangewa es tajante: 
“la situación socio-política en cada continente y de la que se nutre la creatividad de sus residentes es muy diferente, pero el lenguaje del arte es universal.” Y ve muy positivo que se este cambiando la forma en que las personas ven el arte africano en todo el mundo: “existe un interés cada vez mayor y la cantidad de exposiciones centradas en Africa es una prueba de ello.” 
La difusión de su trabajo es ejemplo de ello. Zangewa ha expuesto en numerosas ocasiones. Sólo en 2017 ha presentado sus trabajos en instituciones tales como Padiglione de’Arte Contemporanea (Italia), Massachusetts Museum of Contemporary Art (EEUU), Mu.ZEE (Bélgica), CIAP (Bélgica), Centro Atlantico de Arte Moderno (España) o IZIKO South African National Gallery (Sudáfrica). Y ha estado presente en numerosas ferias, entre las que se encuentra la reconocida Art París Art Fair.

Pero el camino para convertirse en artista visual reconocida no ha sido muy directo. A lo largo de su vida laboral ha probado suerte en sectores tan dispares como la moda, la publicidad o la música (bajo el nombre de Billie Starr). Su experiencia en estos mundos tan distintos la han enseñado mucho: “aprendí estrategia, trabajo duro y perseverancia al igual que disciplina, y uso estas cualidades en las cosas que hago. Todas estas experiencias han ampliado mi visión y experiencia.”
Su experiencia en la moda aportó a Zangewa, además, otro elemento interesante: desarrollar aún más su amor por el mundo de los textiles, un amor que ha plasmado en sus obras artísticas posteriores. Para ella lo textil “tiene algo de relación con el género y la identidad. Quiero enseñar mi apreciación a la experiencia femenina, al mismo tiempo que conversar con la tradición y la percepción.”
Con su fascinación por las telas en mente, ha sabido experimentar y crear enormes tapices con increíbles texturas, colores y narrativas. Y realizadas, en su mayoría, con su material predilecto: la seda. Ella misma comentó hace tiempo que “la seda tiene una calidad de reflexion fabulosa pero, al mismo tiempo, creo que es muy moderna y está a la vanguardia de la moda.”
Y aunque su experiencia en la moda la ayudó a mejorar el uso de una tela tan delicada, es  interesante escucharla hablar de cómo aprendió a usar el hilo y la aguja… durante su infancia viendo, escuchando y experimentando:
“Me introduje en el mundo de la aguja mirando a mi madre y sus amigas cuando cosían en grupo. Después, mi escuela primaria ofrecía costura como actividad extra curricular y yo, que era muy curiosa e intentaba hacer muchas cosas, lo disfruté mucho. Más tarde, en mi adolescencia empecé a realizar mi propia ropa. Así es como aprendí a utilizar hilo y aguja. Estudié Bellas Artes en la universidad, especializándome en grabado, y supongo que mi trabajo es una combinación de ambas experiencias.”

Ya como artista visual, 
la africana utiliza las telas en la actualidad para hablar principalmente el tema de la identidad y lo que esto significa para ella, ocupándose sobre todo de “la experiencia femenina tanto a nivel personal como a nivel universal.” Sus tapices representan, en su mayoría, momentos de su vida cotidiana (donde ella parece ser un símbolo de todas las mujeres africanas modernas). Ella misma comentó hace tiempo que cree importante que “las historias de mujeres sean contadas por mujeres. Siento que mi propia historia es también colectiva y mi objetivo es encontrar conectividad.”
En este punto, ¿qué proyectos específicos de Billie Zangewa podemos destacar? Ella recuerda con especial cariño su primera muestra: “mi primera exposición de obras textiles llamada Hot in the City (Calor en la ciudad) siempre estará ligada a una sensación irrepetible.” Pero seguramente una de sus piezas más conocidas es The Rebirth of the Black Venus, inspirado en la obra El nacimiento de Venus de Botticelli y la historia trágica de la Venus negra Saartije: “se trata de la explotación histórica del cuerpo femenino negro (como ejemplifica la historia de La Venus hotentote) así como el descubrimiento de su poder en una reencarnación moderna.” Tras ella, todos sus tapices con escenas cotidianas son piezas para coleccionar.

Para terminar este monólogo, dos preguntas interesantes. La primera: ¿qué otros artistas  inspiran a Zangewa? Se pueden nombrar a los diseñadores Issey Miyake, Dries Van Noten y Rei Kawakubo (creador de la marca Comme des Garçons); el pintor y escritor Yayoi Kusama; los escritores Dambudzo Marechera y Chimamanda Ngozi Adichie; o los cantantes Busi Mhlongo y Brenda Fassie. Y ¿cuáles son sus artistas favoritos en Sudáfrica? Responde tajante: “Marlene Dumas, Lebohang Kganye, Tracey Rose y Jane Alexander son increíbles artistas. Escoger un artista favorito es como un color favorito, imposible.”
¿Objetivos? Muchos, pero especialmente “ser una buena madre para mi hijo, ser feliz y continuar disfrutando de lo que hago y creciendo como persona y artista.
Y aquí acabamos por hoy. Este artículo solo muestra unas pequeñas pinceladas sobre el trabajo de Billie Zangewa, pero podéis encontrar más información en la web Afronova (aquí) y en la web de Las Hilanderas (aquí), o ver el reportaje realizado por la BBC (aquí).