miércoles, 29 de marzo de 2017

La precariedad cultural, esa gran losa

Hace ya unos años decidí acudir al I Encuentro de Cultura y Ciudadanía, celebrado en pleno centro de Madrid. Los organizadores, en un momento de creatividad, habían creado unas chapas con los nombres de diferentes profesiones del sector y nos pedían, nada más empezar, que eligiésemos una. La intención parecía clara: querían que el resto de asistentes fueran capaces de identificarnos con claridad en un mundo en el que las etiquetas parecen casi obligatorias. Aunque fuera un acto muy inocente (casi naif), no pude dejar de sorprenderme: ¿qué profesión elegir cuando he realizado trabajos tan diversos dentro del sector cultural en los últimos años? ¿Cómo catalogarme con una única expresión si mi curriculum demuestra la diversidad de mi pasado –y de mi presente– laboral (gestora cultural, periodista, comunicadora, comisaria, asistente personal, etc.)?


En ese debate interno me encontraba cuando alguien cercano a mi preguntó, de forma irónica, si no tenían alguna chapa en donde estuviera escrito “precaria cultural”. Me acuerdo reírme a carcajadas con tal ocurrencia, aunque pronto me di cuenta de la cruel realidad: a pesar de todos mis trabajos, a pesar de toda mi experiencia, era una precaria cultural de manual. Y eso que no era ya una estudiante recién licenciada con muchos castillos en el aire y pájaros en la cabeza. Había conseguido trabajar en un sector que me encantaba, había ocupado numerosos puestos (algunos ya con cierta responsabilidad), había creado proyectos propios (algunos de los cuales habían recibido buenas críticas), había colaborado con numerosas instituciones (algunas con gran prestigio)… pero todavía no había conseguido ni un empleo a largo plazo (o incluso a medio), ni un contrato en condiciones (no digo ya un contrato “bueno”), ni un salario realmente digno. 

Y os voy a hacer una declaración personal, brutal y algo desesperante: estoy a punto de cumplir 32 años y aún sigo siendo precaria. Sigo peleando día a día por conseguir algo más estable; sigo luchando porque mis proyectos salgan adelante (consiguiéndolo en 2 de cada 10 casos); sigo peleando por encontrar algo de financiación en un país en el que muchos sitios han cerrado el grifo; sigo rechazando ofertas de trabajo o colaboraciones deshonrosas (en los que me ofrecen sólo difusión en vez de salario porque "es bueno para mi"); sigo luchando día a día porque este sector es el que me gusta.  

Tengo que confesar que a veces desespera (sobre todo durante esos meses en los que llegar a fin de mes parece imposible). Incluso en muchas ocasiones he pensado que esta situación puede ser culpa mía: si a pesar de mis estudios, de mi formación, de mi experiencia, de mi entusiasmo, sigo siendo precaria es porque quizás haya algo que no este haciendo bien. Seguramente sea así en parte. Habrá cosas que pueda (y tenga) que mejorar durante mi búsqueda y lucha… pero lo más triste al enfrentarme a la precariedad cultural es haberme dado cuenta de que no soy la única que a mi edad se encuentra en esta situación. Numerosos compañeros comparten una desesperación parecida o similar a la mía. Incluso los que tienen algo más de suerte, aquellos que disfrutan de algún contrato que les otorga cierta estabilidad, tienen que enfrentarse a unas condiciones que en otros tiempos hubiesen sido calificadas de lamentables (salarios bajos, horas eternas, trabajos que no les corresponden, etc.). Sólo hay que recordar aquellas huelgas de trabajadores que afectaron a varios museos de Barcelona y Bilbao hace algo menos de un año (más información en el artículo Calidad laboral).

El Museo de Bellas Artes de Bilbao, uno de 
los centros afectados por las huelgas en 2016.

Varios amigos que trabajan en otros campos (muchos de ellos en sectores más estables y aburridos, todo hay que decirlo) me han recomendado intentar cambiar de sector… Y os juro que muchas veces me lo he planteado seriamente, más teniendo en cuenta la realidad a la que nos enfrentamos: estamos en un país en el que uno de cada siete españoles declara no pisar “nunca” un museo o biblioteca según las estadísticas oficiales (os recomiendo ver el informe publicado por el CIS hace ya varios meses). Desespera y asusta. A veces no se ve la luz al final del túnel.

¿Soluciones a la vista? Surgen muchas opciones: 
  • Educar a la sociedad para que se interese más por este sector (y consuma más productos y servicios).
  • Educar a los responsables de instituciones y proyectos culturales para que cuiden y mejoren las condiciones de sus trabajadores (creando empleo de calidad).
  • Evitar que los puestos de trabajo se conviertan en vitalicios, dejando hueco a jóvenes promesas.
  • Respetar los manuales de buenas prácticas (sobre todo en relación con asuntos laborales).
  • Etc...
Si os soy sincera: la cultura no es sólo mi trabajo, es también mi pasión. Aunque en numerosas ocasiones llego a fin de mes gracias a trabajos externos a este mundo, siempre intentaré estar en contacto con la cultura porque es lo que me da vida. Y siempre animaré a gente más joven a trabajar en esto, a esforzarse y a educar a los demás, porque sin cultura no somos nada. Todos aquellos que intentan vivir de este sector saben lo duro y lo gratificante que es al mismo tiempo. 

4 comentarios:

  1. Estoy totalmente de acuerdo contigo,yo incluso soy más precaria que tú y parece imposible, en muchos casos, encontrario un trabajo en este mundo cultural. Comparto tu desesperación porque es la mía... por mucho que estudies nada es suficiente y por muchos contactos que tengas tampoco parece ser un beneficio porque la mayoría de las empresas culturales son públicas o son empresas que tienen a 5 trabajadores fijos para hacer el trabajo de 10, pero "no pueden" contratar más...

    Para mi también es una pasión y por eso creo que muchos seguimos dándonos todo el rato con una pared. Espero que del esfuerzo algún día la rompamos y podamos avanzar...

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    1. Hola Lucía! En primer lugar, muchas gracias por tomarte el tiempo de escribir. Y tienes toda la razón: es una pasión para muchos pero una desesperación. Habrá que seguir luchando para romper este techo que existe y ahoga :)

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    2. De nada, es la primera vez que escribo en un blog, creo, pero no pude evitarlo. Me sentí muy identificada y sobre todo he llegado un punto en el que ves muchas soluciones y tienes muchas propuestas pero parece que no se van a llevar a cabo... esperemos que con la bajada del iva cambie algo un poco!! A seguir luchando y buscando trabajo en la cultura!

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  2. Como bien apuntas en tu texto somos muchos en la misma situación. No sé si hay una única solución, creo que hay que trabajar desde varias perpectivas pero desde luego la educación es la más importante. También creo que desde las administraciones se tiene que apostar por la cultura más, y si se tiene que recurrir al sector privado para que se financie, hay que crear una ley decente de MEcenazgo.

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