lunes, 8 de febrero de 2016

Julián Ochoa: el humanista fotógrafo

“Pasión y placer. Palabras mágicas 
que unidas hacen que una y otra vez 
el tiempo, el trabajo y la dedicación 
que ofrezco a la fotografía esta me 
recompense con una mirada: 
la forma en que ordeno el mundo.”
Julián Ochoa

Con los avances y progresos que han traído las cámaras digitales, es extraño (casi sorprendente) encontrarse en la actualidad con fotógrafos que trabajen a la antigua usanza: disparando con cámaras analógicas, revelando películas manualmente y usando esas habitaciones llamadas cuartos oscuros. Aquellos pocos que lo hacen son considerados, hoy en día, unos raras avis casi en peligro de extinción. 

Uno de esos artistas es Julián Ochoa, un eterno enamorado de la fotografía nacido en San Fernando (Cádiz) a principios de la década de los 60. Es uno de los pocos fotógrafos clásicos que quedan en nuestro país… “un artesano de la imagen”, tal como le gusta llamarse, que defiende el proceso fotográfico de la vieja escuela, rechazando cualquier retoque tecnológico y esos filtros tan de moda entre los instagramers. 


A pesar de ese rechazo por las moderneces tecnológicas, sus imágenes sorprenden por su excelente calidad, tanto técnica como artística, y su magnífico acabado. Un resultado que consigue con paciencia, esfuerzo y tiempo: “para hacer fotografía hay que disponer, por lo menos, de tiempo y tranquilidad; si una foto sale mal es porque no se ha hecho con suficiente tiempo o bien no se le ha dedicado el suficiente espacio.”

Impregnadas de blanco y negro, sus obras son toda una revelación, un descubrimiento que se queda grabado en la retina por su pureza, su honestidad, y un caos estudiado y atractivo. Unas fotografías que impactan y enamoran nada más verlas... y que, en cierta manera, recuerdan esa estética o atmosfera que supieron captar algunos maestros clásicos como Cartier Bresson, Marc Riboud o Mary Ellen Mark.

No debe sorprendernos que Ochoa nombre a estos fotógrafos como sus influencias en numerosas entrevistas. Partiendo (directa o indirectamente) de esos grandes maestros, el español reúne en su trabajo muchas de las particularidades que caracterizan el movimiento de la fotografía humanística. Él mismo lo sabe y lo reclama: “mi fotografía es más humana. Incluso en los paisajes donde no hay personas se siente la presencia de alguien que ha estado.”

Toda esa humanidad se respira en los numerosos géneros que cultiva. Aunque dentro de su vasto trabajo, es innegable su habilidad especial para el retrato y, sobre todo, para captar la cotidianidad más sutil. Para mi es todo un experto retratando las pequeñas imágenes de la vida cotidiana, los detalles de sus viajes y las escenas diarias. Evita el color para centrarse en lo importante: los detalles, las composiciones, las personas y sus emociones, las huellas de una vida pasada… y la sensación de que algo va a pasar en un instante.

La plataforma online Virtual Gallery, nacida hace sólo unos años, ha querido colaborar con el español y mostrar en su web cuatro series que representan, sin duda, su personal universo: Double Vision, On the Road, Interlude y Little Histories. Aunque entre ellas me gustaría destacar especialmente las dos últimas.

On the road

Empecemos, en primer lugar, con Interlude, un proyecto en el que se respira el amor de Julián por el continente asiático, al que ha viajado en numerosas circunstancias. En esta ocasión esta serie está compuesta por fotografías de personajes durmiendo en plena calle, individuos de los que nada sabemos más allá de su cansancio. Julián actúa como un voyeur que mira sin ser visto, que fotografía sin ser percibido, pudiendo captar así a los retratados en el momento en el que están más expuestos, indefensos, desprotegidos. Interlude parece ser una oda a la tranquilidad, al descanso y a la serenidad en un época tan acostumbrada a la productividad y a la actividad. No sabemos cómo han llegado ahí los retratados, no sabemos qué estaban haciendo antes ni cuándo retomaran su actividad… pero sólo nos interesa su aura en el momento del descanso, la atmosfera que transmiten cuando están relajados.

Interlude

Por otro lado, debemos hablar, sin duda, de Little Histories, una galería de imágenes en las que se presentan fragmentos de diversas escenas. Julián no ha querido dignificar a los protagonistas ni hacerlos posar… sólo ha querido parar el tiempo de cada escena y captar un momento, un segundo de la historia. ¿Qué ha pasado antes? ¿Qué pasará después? Eso no importa: ese segundo fotografiado es lo importante, permitiéndonos disfrutar de los detalles, las pinceladas, los sentimientos surgidos en ese instante.

Little Histories

Gracias a trabajos como estos y a su gran sensibilidad, Julián es uno de los artistas con más recorrido dentro de Virtual Gallery. Con una larga trayectoria de casi 30 años, Julián ha conseguido, a base de esfuerzo, tener numerosas exposiciones y premios a sus espaldas: ha expuesto sus trabajos en la Embajada Española de Atenas (Grecia), el Espacio Fotográfico Fotografía Académica (Praga) o la Real Sociedad Fotográfica (Madrid) y ha recibido más de 100 galardones tales como el Premio de Honor Abeja de Oro en Guadalajara, el Premio de Honor Cesar Augusto, la Medalla de Oro Delta en Bélgica o la Medalla de Oro de la Confederación Española de fotografía. Una trayectoria que ha estado acompañada de “constancia, libertad y trabajo, requisitos imprescindibles para la creación” según sus propias palabras.

Pero a pesar de todo ello, Julián sigue siendo un bicho raro de la vieja escuela al que le queda aún mucha energía. Él mismo se despide con las siguientes palabras:  esto no acaba… ya descansaré cuando esté muerto.”  Nosotros sólo debemos saber cuidarle y disfrutar de sus imágenes. Pocos quedan como él.

Si queréis saber más sobre Julián, os recomiendo visitar 
su página web pinchando AQUÍ.

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