miércoles, 9 de diciembre de 2015

Entrevista… al artista Guillermo Peñalver

Guillermo Peñalver es, para mi gusto, uno de los artistas emergentes con más personalidad e interés dentro de nuestro país. 

Sus obras parecen naif a primera vista, pero si las analizamos en profundidad nos conquistaran por su complejidad, tanto material como conceptual. Gracias a ellas podemos ver la visión casi onírica de la realidad que rodea al artista, una realidad en la que continuamente se debaten conceptos como realidad-sueños, ciudad-naturaleza, racional-irracional, organismos-elementos mecánicos. Con Peñalver y su mundo disfrutamos, nos divertimos, nos enamoramos de la pintura de nuevo. 

Durante estos meses el artista ha expuesto su último proyecto, Disfraz de mito, en el espacio que tiene La Gran en Valladolid. La exposición ha tenido tanto éxito que la galería ha pospuesto su cierre hasta el próximo mes de enero… Y que mejor manera de celebrar esta noticia que publicando una pequeña entrevista a Guillermo para que nos cuente detalles sobre su historia, sus influencias y su último trabajo.  ¡Seguid leyendo!


Hola Guillermo. Cuéntanos de dónde vienes y cuándo empezaste a interesarte en el arte.

En primer lugar agradecerte tu interés y esta entrevista... Mi biografía es bastante sencilla. Nací en Tarragona y viví allí hasta los 9, cuando mis padres volvieron a Madrid y nos instalamos en Alcalá de Henares.  

Al año de llegar, mis padres quisieron incentivar mi interés por el dibujo y buscaron una academia para apuntarme. Fede fue mi primer profe y allí aprendí diferentes técnicas: lápiz, tempera,  pastel, y finalmente el ansiado óleo... Aunque deje de usarlo al poco tiempo para pasarme a la pintura plástica, que no huele y se seca rápido.

Desde pequeño quería estudiar Bellas Artes. Ese fue el motor que me hacía ponerme estudiar, pasar de curso y salir del instituto. No fui muy buen estudiante, la verdad, aunque no todo era culpa mía: en mi opinión el sistema educativo a veces deja mucho que desear.

Después llega la facultad y ahí haces lo que de verdad quieres. Yo estudié en el CES Felipe II de Aranjuez, que en su momento era un centro inscrito a la Universidad Complutense de Madrid. Como en cualquier sitio, hay de todo: profesores mejores y peores…

Recuerdo con agrado la clase de pintura y grabado. Aunque lo que más valoro de la facultad es que como estudiante tienes una serie de prejuicios y allí te amueblaban la cabeza. Hace poco estuve, por ejemplo, con Julio Adán y le confesé que la primera vez que vi su obra no me gustó y hasta me caía “un poco mal” (risas). Con el tiempo me reencontré con su trabajo con más conocimiento y pude ver las diferentes sensibilidades que muestran sus piezas.

Poco a poco vas derribando los prejuicios que tienes, aprendiendo otras maneras de hacer ajenas a tus propios procesos.

¿Cómo definirías tu estilo? Y ¿cuáles son tus influencias más directas?

Mi estilo o mi trabajo se podría definir como figurativo y mis referencias  son varias. No las separo en categorías, porque considero que las influencias van llegando de manera aleatoria, sin un orden consecutivo, aglutinándose en tu imaginario personal, generando un compendio de muchas cosas que vas descubriendo y se entremezclan, de la misma manera que una canción influye en tu estado anímico y eso impregna tu forma de trabajar… 

Entre mis gustos, podría destacar Remedios Varo, los Beatles, David Hockney, Pedro Almodóvar, Giussepe Verdi, Xavier Dolan, Leonora Carrington,  Guillermo Pérez Villalta, Pink Floyd,  Alfredo García Revuelta, la vajilla de Duralex, Woody Allen, Ana Gabalda, Pepe Carretero, Santiago Talavera, Standstill, Simón Arrebola, Chris Ware, los dispensadores PEZ, Jesús Zurita, el ballet (ruso), Felipe Ortega Regalado, Federico Fellini, Amparo Sard, la porcelana de Seletti, Guillermo Martin Bermejo, Alejandra Freyman, Brian de Plama… y muchas más cosas.

Tu última exposición se llama Disfraz de mito. ¿Cómo surgió este proyecto? ¿Cómo fue su punto de partida?

Estando en Estampa el año pasado me encontré a Pedro Gallego de Lerma (director de La Gran) y me comento su idea de montar un espacio expositivo. Meses después Pedro me llamo para participar en la primera colectiva del espacio. Por aquel entonces estaba trabajando en un cuadrito llamado El entendimiento, un paisaje en el que se muestra la relación entre dos naturalezas: una salvaje representada por un pinar; y en su interior, otra domestica, un laberinto vegetal.

Con la oportunidad de realizar una individual en la galería comencé a plantearme trabajar en torno al laberinto y eso me llevo a fijarme en el mito del minotauro, la bestia que anida en él. Una vez decidido el hilo conductor, comencé a documentarme: estuve buscando imágenes de referencia y haciendo las fotos de los “personajes” (esas fotos las suelo hacer con el móvil ya que es la manera más rápida y sencilla).

Lo complicado para mí fue cómo meterme en la piel del minotauro. La mayoría de referencias que hay entorno al personaje son imágenes de un carácter muy sexual… Es imposible no recordar las imágenes de los grabados de Picasso o las visiones de los simbolistas como la de George Frederic Watts.


¿Qué te atrae del minotauro y su historia?

Me imaginaba que la historia de este mito era una metáfora de mí día a día en el estudio: yo, como el minotauro, me muevo en mis dominios. Las mesas  de dibujo con sus papeles, los caballetes con sus lienzos en diferentes estados y las tazas con posos de café componeniendo pequeños bodegones.

De un tiempo a esta parte, venía trabajando con el imaginario clásico adaptándolo a mi vida cotidiana. Es por ello que decidí meterme en la piel del minotauro… Fue muy sencillo revestir los cuerpos de mármol.


Sueles auto-representarte en muchos de tus trabajos. ¿Por qué te gusta esa unión del mundo real y del mundo artístico?

La verdad es que para mí es imposible separarlos, ya que mi proceso de trabajo va directamente relacionado con la manera que tengo de ver las cosas. Aunque en series anteriores he utilizado otros cuerpos para hablar de conceptos propios, en las últimas he tomado la posición de protagonista. Es la propia rutina diaria, el sustrato de muchas de las ideas que tengo.


Muchas de las obras que presentas en esta ocasión son collages. ¿Qué te interesa de este medio, esta técnica a medio camino entre la pintura y el relieve?

En el collage puedo pintar con papel. Dada a mi obsesión con las pieles de la pintura, trabajar con papel me da la oportunidad de tener superficies lisas y de color homogéneo, lo que me permite jugar con la percepción de los diferentes planos superpuestos. Puedo modular con lápices de color, como si de veladuras se tratase, o solapar pegando otros papeles generando micro volúmenes según el gramaje del papel.


Y por último, ¿cómo ves el panorama artístico en España en la actualidad? 

Como artista emergente que vive en España, veo mucha precariedad en nuestro sector. La gran mayoría de nosotros necesita un trabajo alternativo para poder desarrollar su carrera artística.   
    
Yo suelo ser bastante positivo y creo que somos gente afortunada por tener un trabajo en el que disfrutamos tanto, pero necesitamos un mayor respaldo por parte del Estado. Creo que desde la educación se puede estimular en las generaciones venideras un mayor interés y compromiso por las artes.

¡Muchas gracias Guillermo por tu tiempo!

Si queréis conocer más sobre este artista, podéis visitar su página web (pinchar AQUÍ) o disfrutar del pequeño catálogo realizado por el equipo de La Gran. La publicación está disponible tanto en formato virtual (descarga online AQUÍ) como en formato físico, y en ella podéis leer una conversación entre el artista y la historiadora Susi Blas. ¡Muy recomendable!

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