viernes, 13 de noviembre de 2015

De la A a la Z: dos proyectos literarias

Hace ya cinco años nació la fiesta de las librerías, una iniciativa anual que pretende reivindicar el papel de las librerías como motores de la cultura. Hoy, 13 de noviembre, se celebra su quinta edición bajo el lema Leer es viajar y trae consigo un programa repleto de actividades y descuentos especiales.

Este blog ha querido unirse a la celebración publicitando dos proyectos interesantísimos creados con pocos recursos pero mucha ilusión. Aunque ninguno de ellos ha sido creado especificamente para esta ocasión, creo que son iniciativas fundamentales para fomentar la lectura y aumentar el número de fanáticos de la palabra escrita… dos objetivos que, de forma indirecta, ayudarían a aumentar la venta de libros. 

Quiero empezar nuestro recorrido nombrando a Kike Cherta y Víctor García Antón, dos escritores que se han propuesto el reto de escribir un relato breve cada día durante 12 meses. Sus textos se publican diariamente en la página web Cuentos como churros y han conseguido recopilar hasta la fecha centenares de entradas.

Uno de los puntos más interesantes de este proyecto es que ambos escritores, que se autodefinen como "churreros", han querido involucrar a los propios lectores en la creación de los textos: invitan a los clientes a que manden el ingrediente inicial (una foto, una canción, un video, etc.) y ellos se basan en esos elementos para "cocinar" una receta literaria original. Una forma estupenda para bajar a la literatura del pedestal en el que está subida e invitar a los espectadores a convertirse también en parte activa del proceso creativo.


En segundo lugar quiero mencionar un proyecto colaborativo que conocí gracias al blog No me toques las helvéticas. Esta iniciativa, titulada Shortédition, nació en Grenoble y se creo con la intención de entretener a las personas que tenían que pasar por largos momentos de espera (colas en administraciones, trayectos en transportes públicos, etc.).

El proyecto funciona de forma sencilla. Se instalan unas máquinas expendedoras en lugares específicos y estas ofrecen textos y relatos adaptados al tiempo de espera que tengamos, entre uno y cinco minutos. Los textos salen de la maquina en forma de ticket de compra mensual, un formato que permite la lectura y nos anima a descurbir nuevas historias.

¿Pero quién escribe esos textos? Se ha creado una plataforma abierta donde cualquier persona puede participar, subiendo su cuento, poema o relato corto. Una iniciativa colaborativa que conecta de forma sorprendente a escritores y lectores potenciales.



Estas dos propuestas muestran otras formas de acercarse al público y consiguen sacar, con éxito, los libros fuera de los lugares tradicionales de distribución (bibliotecas, librerías, etc.). A mi personalmente me apasionan ambas ideas a partes iguales… ¿Y a vosotros?

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