miércoles, 4 de marzo de 2015

ARCO #1: reflexiones personales


Ha transcurrido ya varios días desde que la cita anual más esperada de febrero, ARCO, cerrara sus puertas. Tras un poco de descanso, ahora toca mirar atrás, reflexionar y analizar sobre lo ocurrido durante la semana pasada.

Empezare por decir que todos los años desde mis tiempos universitarios me enfrento a ARCO con una mezcla de sensaciones:
  • Por un lado estoy entusiasmada por respirar arte por todos los poros, por reencontrarme con gente a la que veo en contadas ocasiones al año y por involucrarme en mil debates culturales en los pasillos de una feria cada vez más veterana.
  • Por otro lado siento cierta pereza. Las dimensiones de la feria provocan que muchos visitantes como yo nos solamos perder ante tantas obras y terminemos algo aturdidos y mareados. Y es inevitable cruzarse con personas a las que no me importaría, por su postureo, evitar durante los siguientes doce meses (o incluso doce vidas).
Hay que asumir que todo evento tiene su cara y su cruz, su blanco y su negro. Pero a pesar de todo, es imposible no darse cuenta de que ARCO se ha convertido en una cita fundamental que articula el calendario del arte en nuestro país e influye de manera notable en el escenario cultural de la ciudad. A una no le queda más remedio que quitarse la pereza de encima, ponerse sus zapatos más cómodos y chutarse varios cafés para resistir con la mejor cara posible.

Este año he podido fragmentar mi visita y asistir a la feria durante varios días, algo que me ha permitido estar más descansada y disfrutar más que otras ediciones. He encontrado un evento más pensado y algo más sólido que otros años, aunque se sigue respirando cierto carácter conservado (es inevitable no darse cuenta de que se ha primado la pintura frente a otros medios más experimentales como la fotografía o el video). Pero este conservadurismo no debe sorprendernos: tenemos que entender que ARCO es una feria cuya finalidad es vender/comprar y no una exposición del arte más contemporáneo y experimental. 

A pesar de ello hemos podido ver buenas obras y artistas destacables como Esther Ferrer, Sergio Prego, Marlon de Azambuja, Joâo Onofre, Catalina Jaramillo Quijano, Secundino Hernández o Camilo Restrepo entre otros. ¡Ya me hubiera gustado poder comprar más de un trabajo! Parece que ARCO ha hecho sus deberes atrayendo a galerías interesantes y definiendo poco a poco un modelo propio. Todavía estamos lejos de las grandes ferias mundiales como Art Basel o Frieze, pero ya parecemos tener cierto carácter e interés. Y, además, el optimismo se respira en las opiniones de muchos profesionales. La periodista cultural Bea Espejo escribió un artículo en El Cultural el pasado 27 de febrero en el cual decía que “2015 se recordará como una de las mejores ediciones de la feria: la que consiguió afianzar (¡por fín!) el ansiado vínculo con Latinoamérica, la que volvió Madrid sexy para las galerías europeas, la edición en la que se empiezan a ver los resultados de esa fina lluvia de intereses lanzada por Carlos Urroz desde que llegó a la dirección hace cinco años: sumar optimismo, restar galerías y multiplicar ventas”. Solo esperemos que esa sensación positiva  no decaiga en el futuro. 

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