domingo, 27 de julio de 2014

La edad de la velocidad

Los domingos suelen ser días ideales para recuperar lectura atrasada y leer, además, las nuevas revistas dominicales que aparecen en el mercado. Hoy, como era de esperar, he ido directa a un parque cercano a mi casa con la ropa más cómoda del armario y preparada para atacar la serie de textos que han caído en mis manos a lo largo de la semana.

Entre todo lo que he podido leer, destacaría sobre todo un artículo de Javier Marías publicado en El País Semanal. Con el título `Si sólo vivieran los vivos´, el texto reflexiona sobre el desconocimiento que mucha gente tiene de la cultura del pasado (incluso esa cultura surgida hace tan sólo unas pocas décadas o unos cuantos años). Y tristemente ésta es una enfermedad que se está extendiendo cada vez con más rapidez. Ya muchos no conocen las referencias históricas de los elementos o expresiones que utilizamos en nuestro día a día, pocos han visto los clásicos cinematográficos en los que se basan las nuevas películas y casi nadie se asusta ya con los monstruos que nos aterrorizaron a nosotros en los noventa.

Reflexionando sobre el tema, he pensado en las posibles causas de nuestra falta de memoria a largo plazo. Y aunque poco he sacado en claro, lo que es seguro es que en estos momentos nos encontramos en la época de la velocidad gracias a los medios tecnológicos existentes: nos llega la información en cuestión de segundos y nos cansamos de ella con la misma rapidez.

Esa velocidad ha afectado a nuestro conocimiento y a nuestra atención de una forma increíble (y a veces negativa):

  • Por un lado, somos capaces de borrar referencias y testimonios con una facilidad que asombra (y asusta) con la falsa idea de dejar lugar a las nuevas noticias que nos llegan. Además, ¿por qué tener que memorizar todos los datos teniendo enciclopedias online a la palma de la mano, en nuestros smartphones?
  • Por otro lado, nos hemos acostumbrado a tal velocidad que toda la información que recibimos tiene que ser breve, concisa y directa para que mantenga nuestro interés. Si la información sobrepasa cierta longitud, somos cada vez más incapaces de centrar nuestra atención y dejamos la lectura a medias.
Esto afecta también a nuestra propio sistema educativo. Domingo Vallejo, responsable del blog La Túnica de Neso, publicó en 2012 un artículo en el que escribió:

Hoy, también en la educación, se impone el pragmatismo de lo inmediato, y lo inmediato es la formación de los estudiantes en aquellos ámbitos que la sociedad de consumo demanda. Lo vemos casi a diario en la prensa. Pero tampoco faltan, por el contrario, las opiniones que alertan de las consecuencias de determinados cambios educativos pueden tener en la educación de las futuras generaciones de estudiantes. Me refiero concretamente a la pérdida de peso en los sistemas de enseñanzas de las tradicionalmente conocidas como materias de cultura. Este debate, por lo demás, no es exclusivo de nuestro país.


Tristemente si perdemos nuestra cultura podemos también perder nuestra historia y parte de los que somos. Evitemos eso… y aprendamos que será dificil entender el futuro sin el pasado. 

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