lunes, 28 de mayo de 2012

Entrevista ... al equipo de la Revista Síneris

SINERIS es una revista de musicología que fue creada hace tan solo unos meses por una serie de jóvenes interesados en la música. A pesar de su reciente creación, dicha revista desborda calidad, rigor y creatividad. 



Por el gran interés de este proyecto, no he querido dejar pasar la oportunidad de entrevistar al equipo de Síneris y algunos de los miembros del consejo de redacción han sido tan amables de responder a una serie de preguntas. Os aconsejo leer la entrevista ... no tiene desperdicio!

Para empezar, nos gustaría saber quiénes sois y cómo surgió la idea de crear esta revista.

Jaime Alonso [J.A.]: Bueno, somos un grupo de gente diversa partiendo del Departamento de Musicología de la UCM –y más allá, como amigos (yo, por ejemplo, soy historiador del arte de la UAM)– que queríamos reelaborar una propuesta previa, dándole una vuelta a la concepción de ‘revista de Musicología’, abriéndola a toda la Musicología en general (valga la redundancia), ampliando el campo a todo tipo de músicas y de experiencias musicales. Y además, rompiendo con la seriedad de las revistas académicas tradicionales, sin perder el rigor.

También estamos muy interesados en el título de la publicación, “Síneris”. ¿De dónde viene este nombre?

J.A.: Esto habría que preguntárselo al resto del equipo, pero tengo la foto del momento de la elección del nombre. El porqué... eso se lo dejo a otros.

Cristina Aguilar [C.A.]: Ya, es que yo no sé si debemos confesar o no...

J.A.: ¡Además creo que es mejor mantener el misterio!

Ana María del Valle [A. V.]: Puede querer decir nada o todo. Es pura poesía.

Por otro lado, ¿cómo está estructurada la revista? ¿Qué secciones pueden disfrutar los lectores?

C.A.: Tiene cuatro secciones. En primer lugar encontramos los artículos de investigación, la parte más “académica” de la revista, en la que procuramos que sean temas no siempre estrictamente musicológicos, de hecho, inauguramos la sección con un artículo sobre la música en el Doctor House, procurando alejarnos un poco de la “musicología” tradicional, abriéndonos a otros campos la Historia o la Sociología. En segundo puesto está reservado al ensayo, que engloba desde reflexiones breves de tono humorístico, “músicas con historia” (relatos inspirados en la realidad pero tratados de manera literaria y cuyo centro es la música) o una sección que conservamos desde Jugar con fuego, los “Rara avis” (por Ana Mª del Valle), sobre curiosidades de música e instrumentos musicales... La línea editorial en este aspecto es muy abierta y procuramos incentivar la creatividad de cada uno, que, como nos gusta decir entre nosotros, cada uno pueda construir (o cultivar) su propio locus amoenus, ¡andar en pantuflas!, estar cómodo, contento con lo que se hace. Tenemos también entrevistas, que procuramos que sean variadas (en estos dos números hemos alternado el mundo de la lírica con el del jazz), y por último la sección de crítica musical, tanto de espectáculos de música clásica o lo más rockero o indie (¡y novedoso!) del mercado. Cada número incluye además un editorial, y damos mucha importancia a la ilustración (con unas magníficas viñetas de Héctor Quintela) y a la fotografía, para la que contamos con excelentes miembros de la redacción (Jaime Alonso, Ana Sánchez Juan). Nos parece que enriquece mucho la imagen general de la revista el hecho de que las fotografías sean “de autor”, además de las ilustraciones, e intentamos incluir cuantas más mejor.

¿Hacía qué publico esta dirigida esta publicación?

J.A.: Creo que el público objetivo tiene un perfil musicológico, pero la intención es abrir el espectro para que gente que puede no sertirse muy cercana al término ‘Musicología’ (o incluso ‘Antropología de la música’ o ‘Sociología de la música’) pueda entrar, leer diferentes artículos, y disfrutarlo. Es decir, nuestro objetivo es que a cualquiera al que le guste un poco la música pueda abrir Síneris y, por ponerlo de alguna manera, no espantarse. Creo que en este sentido el diseño, las ilustraciones y las fotografías hacen que la revista sea atractiva para cualquiera que abra la web.

C.A.: ¡Y el formato de los artículos! Vamos, yo al escribir al menos intento no ser excesivamente “académica” y utilizar los tecnicismos justos, aunque quizás nos falte un poco de rodaje en esto. La cosa es que uno cuando abra también los artículos como dice Jaime no se espante, al menos pueda enterarse de la “esencia” de un concierto de música clásica, de qué es bueno y qué no. Este punto medio no es siempre fácil, la verdad. Pero siempre le quedan al lector apartados como los ya mencionados: “Rara avis”, “Músicas con historia”, las entrevistas –que permiten un acercamiento más profundo al personaje y su estética– o los conciertos de grupos de rock-pop.

J.A.: ¡Yo ni puedo ser académico! Vamos, que tampoco lo soy...

Como curiosidad, decir que aceptáis que aquellos interesados en la música os envíen sus artículos para publicarlos. ¿Por qué estáis abiertos a esta colaboración externa?

J.A.: Además de reducir nuestra carga de trabajo –sería un palizón que además del trabajo normal de la revista (y de nuestras obligaciones, claro) y los artículos que hacemos tuviésemos que hacer todo. Luego está la cuestión de los intereses, ya que al abrir la revista a cualquiera que considere que tiene algo que decir o enviar se abren en consecuencia los campos a tratar, que como decía antes, abrirlos es uno de nuestros objetivos principales.

C.A.: Sí, ¡claro! No queremos una revista para escribir sólo nosotros, sino crear una plataforma en la que todo el mundo pueda participar. De hecho en el número de junio tendremos una participación totalmente amateur (un jardinero de la facultad), y que sin embargo pasa totalmente desapercibida entre nuestros artículos. Hay mucha gente que sabe mucho, muchísimo más que nosotros, y seguramente al no estar tan contagiados del “tono” habitual con el que se dicen las cosas en los medios o en la Universidad. Pueden aportar una visión mucho más abierta, original... Tenemos una sección, incluso, llamada “firma invitada” y pensada para gente de otras disciplinas, que aporte una visión distinta sobre la música. ¡Y nuestra primera participación ha sido artística! La pintora Sandra Vergara nos ha ofrecido una obra totalmente original, Paredes que hablan.

Al recibir material para publicar, imagino que aplicaréis algún tipo de selección. De ser así, ¿cuál es el criterio que seguís para mantener un mínimo de calidad?

C.A.: Sí, dentro de la libertad y la originalidad que procuramos promover es necesario mantener los mínimos de calidad. Los artículos pasan por dos miembros de la redacción antes de ser aceptados, y en el caso de los de investigación por uno o varios del Consejo Asesor, compuesto por profesores universitarios. Valoramos en primer lugar la originalidad del tema, y gracias a que la redacción está compuesta por gente de muy variada procedencia y especialización (rock británico, música antigua, jazz, indie, clásica, organología, violín...) es fácil encontrar a la persona adecuada que sepa suficientemente del tema como para evaluar “científicamente” el artículo.

Detrás de esta revista, trabajáis una serie de amantes de la música. Aprovechando vuestro interés en este sector, nos gustaría saber cómo creéis que es la situación actual de la música en nuestro país.

J.A.: Desde mi perspectiva, totalmente amateur y como consumidor, creo que es muy buena por la cantidad y calidad de producción, y además viviendo en Madrid tengo infinitas posibilidades de ver a grupos ‘de estadio’, consagrados, que están empezando, etc. Luego hay mil cuestiones sobre la industria musical (en su sentido más amplio) que podrían analizarse, sin duda, pero...

C.A.: Hombre, en el campo de la música clásica no se puede hablar de una manera tan optimista. Últimamente son todo malas noticias, o casi malas noticias, tras la salvación in-extremis del Ciclo de Lied y el de Cámara. Teatros de Ópera sólo hay uno, sin compañía local, y de la danza clásica mejor no hablamos...

J.A.: Claro, claro, yo me refería sobre todo a rock, pop, indie... ¡Con tal de no poner ‘música popular’ (aaaarrrrggg) pongo hasta un listado de estilos!

C.A.: En cuanto a la denominación de todas las ramas de la música y la musicología, ¡creo que el debate ya nos daría para una entrevista entera!

Además, muchos de los que participáis en esta revista habéis estudiado musicología en la universidad. ¿Qué opináis sobre la educación musical en nuestro país? ¿Hay suficiente? ¿Es una educación de calidad?

J.A.: Yo como metomentodo, tengo que decir que tendría que mejorar muchísimo. No soy musicólogo, pero la enseñanza musical que he vivido –o padecido, incluso– y luego de amigos y gente a mi alrededor hace que considere que es totalmente insuficiente. Luego está la cuestión comparativa con otros países como Inglaterra o Suecia, donde la educación musical tiene una mayor consideración y presencia en las escuelas, y claro, salen los manchurrones a relucir.

C.A.: Es terrible, para qué nos vamos a engañar. En España eres un inclulto si no sabes quién es Goya, pero puedes decir por ahí, alegremente –casi con orgullo– que la música clásica es “cosa de viejos” y muy aburrida y que no sabes cuál es la quinta de Beethoven (ni mentar compositores españoles). Y no es esto una cuestión de gustos, sino de educación. La música en el colegio siempre ha sido una “maría”, con planes de enseñanza muy malos. Como dice Jaime la comparación de nuestro nivel musical con el europeo es absolutamente vergonzosa.

J.A.: Creo que a nivel profesorado hay de todo, como en todos lados, pero lo que tú comentas de su carácter de “asignatura maría”, al igual que dibujo (otra artística, casualmente) o educación física. Creo que falta una valoración de lo que la música es y supone, más allá de un mero “entretenimiento”. Y por favor, ¡desterremos las flautas dulces de las escuelas!

C.A.: Jajajajajajajajajaja

A. V.: Si antes era bastante despreciada (a ver qué profesor se atrevía a suspender a un alumno en música aunque fuera un zote) ahora, gobierno tras gobierno, cada vez peor hasta niveles de inexistente.  Por cierto, yo suspendía gimnasia.

Sea cual sea el nivel educativo en términos musicales, es cierto que todavía parte de la sociedad cree que ciertos sectores de la música, como la clásica, la ópera o la zarzuela, forman parte de la cultura elitista. ¿Qué pensáis vosotros?

J.A.: Personalmente creo que esa concepción existe, y está demasiado extendida. Aunque hay esfuerzos cada vez mayores por atraer a nuevo público, o al menos esa es la idea que me está llegando últimamente. No creo que sea elitista per se, ya que poca gente no admitiría el valor de los grandes clásicos, y quien más quien menos tiene algún disco de Vivaldi o Beethoven en casa. Pero puede ser que la concepción existente parta de la idea de esfuerzo: escuchar una ópera exige un trabajo mayor por parte del oyente que otros estilos musicales (sin menospreciar ninguno, faltaría más). Poniendo una comparación artística: la gente piensa que el arte abstracto es complicado, que Rothko, Jasper Johns o Lucio Fontana son difíciles, que no se entienden, que no cuentan nada –o que no son bonitos, que también suele oírse. En cambio la figuración de Sorolla o Renoir (para no irnos a Velázquez o Duccio) se consideran fáciles visualmente, son agradables, que cuentan algo accesible.
Quizá, igual que se hace en muchos museos (y quizá debería hacerse más, ese es otro tema), los auditorios y salas de música clásica, ópera o zarzuela deberían buscar una mayor presencia de los departamentos de didáctica.

C.A.: Yo creo que es un problema más de “pose” que de que sea algo “complicado” o accesible. A mí siempre me sorprende que las bandas sonoras sí, pero la música clásica no. Es simplemente porque están en un contexto diferente... Deberíamos abandonar todo “elitismo” que acompaña a la música clásica, que es el causante de todo.

J.A.: Christopher Small hablaba de la alta normativización (explícita) a la hora de asistir a un concierto de clásica y ópera, en comparación con la normativización (implícita) en los conciertos de rock. ¿Podrá venir algo también a partir de esta cuestión?

 A.V.: Si es por el precio, en algunas circunstancias mucha gente paga infinitamente más por una entrada de fútbol de lo que cuesta la ópera, por ejemplo. Es una cuestión cultural, un tópico.

Por otra parte, publicáis la revista en Internet. ¿Por qué en este medio y no en papel?

J.A.: Yo diría que a) por las posibilidades que ofrece este medio a nivel plástico b) porque es más fácil (e infinitamente más barato) comenzar desde Internet. Luego, en caso de tener un éxito que creo que ninguno de nosotros podría llegar a pensar, se podría llegar a publicar en papel, pero ya digo que eso está totalmente fuera de nuestra agenda. El caso de Jot Down Magazine creo que puede ser paradigmático en este sentido, ya que están haciendo pruebas para sacarla en papel, aunque llegar a esos niveles sería utópico.  

Nos gusta mucho el diseño de vuestra página web, que es minimalista pero colorista. ¿Quién la diseño y cómo surgió la idea?

Lucía Fernández de Arellano: Vaya, ¡muchas gracias! Me encantaría decir que responde a un proyecto sesudo de horas y horas de reuniones llenando pizarras, papeleras y ceniceros, intentando convencer al equipo de que todas son siempre la mejor idea. Pero no. La estética de publicista desquiciado no encaja, fue todo mucho más sencillo y en ningún caso daría para hacer una serie de televisión. Tuve confianza ciega, libertad total –¡santos programadores!– y en consecuencia algo de vértigo que enseguida se quedó en nada comparado con la suerte de poder desarrollar un proyecto entero. Además, para estas cosas siempre cuento con la ayuda de Javier Barriocanal, un infógrafo fantástico al que no le importa que le sature la bandeja de entrada con nuevas ocurrencias sobre las que opinar.

Queríamos que la revista tuviera un diseño original, sí, pero siempre al servicio de los artículos, nunca al revés. Es lo primero que se ve y tiene que llamar la atención de algún modo para que el lector quiera quedarse. Pero ya está, luego pasa a un discreto segundo plano. De ahí que sea tan simple; hemos procurado que sólo cuente con lo imprescindible para no distraer la lectura. Bueno… lo imprescindible y fotos muy grandes, que no son tan necesarias a esos tamaños pero molan. Creo que el resultado final está en armonía con los ejes centrales de la revista: la creatividad y el acercamiento de la musicología a cualquier lector. Es sencillo, funcional, amable y parece que gusta.

Ya que publicáis vuestra revista online, nos gustaría saber cuál es tu opinión sobre la relación entre la cultura y las nuevas tecnologías: ¿qué ventajas y desventajas crees que ofrecen las nuevas tecnologías a la hora de promocionar, enseñar y divulgar el arte y la cultura?

A.V.: Básico: la accesibilidad y el bajo coste, como ya se ha dicho antes. La gente consume lo que tiene a mano. Lo que no se ve no existe para muchos.

J.A.: A nivel de desventajas, yo mencionaría la ingente avalancha de contenidos de todo tipo a los que se enfrenta cualquier internauta medio, usuario de redes sociales, lector de algún blog, lector de algún periódico... Tener estímulos es necesario, pero puede surgir el problema de la sobreestimulación, y si eso pasa, creo que se puede perder efectividad a la hora de la promoción del arte y la cultura.

A pesar de todo, creo que ciertos ejemplos –que no dejan de ser “efectistas” – como los grupos Artic Monkeys y Russian Red demuestran que puede ser una gran plataforma para darse a conocer. Con las nuevas tecnologías, la producción de una maqueta se abarata notablemente, y plataformas como Myspace, Facebook y demás dan posibilidades para promocionarse. Ojo, que no es fácil en absoluto, ya que volvemos a la sobreestimulación: si ya había “demasiadas” cosas, ahora la cantidad se ha multiplicado exponencialmente. Y destacar entre la multitud no deja de ser una tarea muy, pero que muy difícil.

Para el caso de Síneris, creo que las redes sociales – que no deja de ser el asunto de moda al hablar de nuevas tecnologías y difusión y promoción de cualquier cosa– nos permiten ponernos en contacto de manera informal con gente con la que sería muy complicado, como otras revistas, escuelas de música, conservatorios, etc. Pero por supuesto, ¡sin olvidar a los seguidores! A partir de ahí también se puede ir viendo qué tipo de revista puede funcionar (podríamos volver a poner el ejemplo de Jot Down), pero también es importante utilizar las redes no sólo para el autobombo, sino como canalizador por ejemplo de noticias y eventos relacionados. Esa presencia diversificada creo que puede ser la clave.

Además, ¿qué opináis sobre la relación entre la música e Internet, que permite el libre acceso a las canciones?

J.A.: Creo que puede ser una relación totalmente positiva por este acceso que comentas (cada vez hay más música, es accesible, y la gente escucha más música, por lo que está cada día más presente en nuestra vida cotidiana), pero a la vez –y es inevitable meterse en la cuestión de la industria– es necesario un cambio de mentalidad tanto de los miembros de la industria discográfica como de los usuarios.

Es decir, que ni se puede mantener el formato de negocio pre-MP3 y pre-Internet ni se puede aspirar al todo gratis, porque las cosas, evidentemente, no son gratis (y a mí me cuesta creer que alguien de verdad piense que lo son). Es bastante ilustrativo que cuando surgieron los discos ya se pensó que ese formato mataría a la música, ya que la gente dejaría de contratar orquestas, de consumir música en vivo, etc. También se dijo que la aparición de la cinta de casete iba a suponer el fin de la música, ya que el consumidor podía no comprarse los discos, grabando canciones desde la radio, compartiendo con los amigos, haciendo sus propias cintas con sólo las canciones que se querían, etc. ¿Cómo será ese cambio de paradigma? Nadie lo sabe, pero seguro que las cosas no podrán ser como han sido hasta hace 10-15 años. Pero ni se acabará la música, ni la industria musical, ni nada parecido.

Si os ha gustado esta entrevista y queréis conocer la revista, pinchar AQUI.

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