lunes, 7 de noviembre de 2011

El arte contemporaneo y la sociedad

Si algún día alguien os pregunta qué es el arte contemporáneo y pide que contestéis con pocas palabras, os daréis cuenta de lo difícil que es definir el arte actual. Y es que bajo el término de “arte contemporáneo” se agrupan tantos estilos y formas artísticas que resulta difícil crear una sola definición bajo la cual se puedan congregar todos los cánones, soportes, materiales y formas de expresión utilizados por cada uno de los artistas contemporáneos. Tan solo hay que visitar cualquier museo para ver que nos podemos encontrar con bonitos paisajes junto con lienzos rajados, cajas de detergentes, ruedas de bicicletas encima de butacas, tiburones disecados en formol o, incluso, latas con los excrementos de algún artista. Es casi imposible crear una definición exacta con la cual no se deje fuera ninguna de todas estas propuestas artísticas. Parece que últimamente el mundo del arte va unido a la filosofía de “todo vale”.

Pero a pesar de lo difícil que supone crear una definición, lo que sí parece claro es que las obras de arte contemporáneas no dejan indiferente a nadie. Y lo que está más claro aún es que la mayoría del público no comprende o entiende el arte que se realiza hoy en día. De hecho, uno de los mayores problemas a los que se enfrenta el arte actual es que gran parte de la sociedad se siente ignorante ante numerosas obras expuestas en las paredes de los museos. El arte contemporáneo todavía no es entendido por gran parte de la sociedad y está muy mal valorado por un alto número de la población. Solo hay que pensar cuantas veces habremos escuchado a personas decir “eso lo puede hacer mi niña de cinco años”  o “eso lo hago yo y no me dan tanto dinero” cuando están delante de obras contemporáneas expuestas en alguna sala de exposiciones.

Esta ignorancia se debe principalmente a la falta de educación visual y conceptual que tiene la sociedad en relación con el arte.  La mayoría de la gente no ha asimilado casi nada del arte del siglo XX y sigue anclado de esa visión arcaica de que la obra de arte, para ser buena, tiene que ser una imitación de la realidad. Además, los centros educativos de nuestro país han sido incapaces de enseñar a sus alumnos las herramientas necesarias para que estos entiendan (y acepten) aquellos estilos artísticos en los que no se utilizan elementos figurativos (como la abstracción o el arte conceptual). Al no tener herramientas para juzgar el arte más allá de la figuración, es difícil que la gente entienda la gran cantidad de obras no figurativas que se han producido en el último siglo. ¿Cómo va a juzgar una obra de arte contemporáneo, con su complejísimo contexto, una persona totalmente profana en la materia?

Para conseguir que la gente se acerque a las obras contemporáneas y comience a interesarse en el arte más allá de la figuración, lo fundamental será mejorar la educación artística en nuestro país. Pero, ¿cómo es posible educar a una sociedad como la nuestra cuya visión artística es tan conservadora? La respuesta es sencilla: a través de las escuelas, los museos y los medios de comunicación.

En primer lugar, la historia del arte debería ser una asignatura obligatoria en las escuelas, materia a través de la cual se deberían dar las herramientas necesarias para que los alumnos se acostumbren a estar en contacto con el arte. Pero esta asignatura debería ir más allá de organizar visitas guiadas a museos, que no sirven de mucho si los alumnos no han recibido información previa. Durante el curso, se deberían organizar clases teóricas que muestren a los chicos los diferentes estilos, conceptos e ideas que hay detrás del arte y les enseñen a tener una mentalidad critica ante el arte.

En segundo lugar, los medios de comunicación, por su parte, tienen que acentuar su misión educativa. ¿Dónde están, por ejemplo, esos programas televisivos de arte equivalentes, por su interés y calidad, a las series dedicadas a la naturaleza?

En tercer lugar, los numerosos museos y centros de arte que se están abriendo en nuestro país deberían ser capaces de organizar exposiciones de diversos artistas y movimientos para que la sociedad se acostumbre a ver obras de arte muy distintas entre sí. Y es que ejercitar la mirada puede ayudar a entrenar nuestro gusto y nuestra mente.

Creo firmemente en aquello que dijo Juan Antonio Ramírez en una entrevista en la revista El Cultural: “si estas tres instancias (museo, escuela y medios) trabajaran al unísono para dar a conocer y explicar adecuadamente lo más interesante del arte contemporáneo, desaparecerían muchas reticencias (…). No todas las manifestaciones de todas las artes son para todos los públicos, lo cual no quiere decir que no debamos esforzarnos por ampliar el sector de quienes disfrutan con la mayoría de las creaciones, incluidas las más minoritarias y arriesgadas”. Pienso que gracias a la educación, la gente conseguirá acercarse al arte contemporáneo. La educación ayudará a que la población consiga enfrentarse al sector, pueda criticar las obras de arte con fundamento y logre argumentar sus buenas o malas críticas utilizando frases más allá de "esto lo podría hacer mi niña de cinco años".

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