martes, 20 de febrero de 2018

Las hermanas Brown: el paso del tiempo en cuarenta imágenes

Texto escrito para la Fundación Mapfre

Recuerdo con mucha nitidez la primera vez que me crucé con el proyecto fotográfico The Brown Sisters. Recorría una pequeña librería del centro de Madrid cuando un amigo, fotógrafo de profesión, dejó caer en mis manos un pequeño catalogo sobre este trabajo publicado por el Museo de Arte Moderno de Nueva York. “Te encantará”, agregó con una seguridad pasmosa. Comencé a hojear preocupada por las altas expectativas y con bastante desconfianza, pero reconozco que mi resistencia cayó después de unas cuantos páginas. Las imágenes me cautivaron de tal manera que aún sigo recordando la mezcla entre emoción, turbación y desconcierto que me provocaron en solo un momento. 


Por supuesto esa misma noche no pude hacer otra cosa que buscar más información sobre el proyecto. Su autor, el estadounidense Nicholas Nixon, comenzó la serie en la década de los setenta, más específicamente en agosto de 1974. Fue en ese verano cuando, durante una reunión familiar, decidió tomar una fotografía de su mujer, Bebe, junto a sus tres hermanas (Mimi, Laurie y Heather). Aunque esa primera imagen no funcionó y fue rechazada, repitió la acción al año siguiente, esa vez con éxito. Lo que había comenzado como un acto espontáneo y fortuito, se convirtió casi en una tradición: Nixon siguió retratando a las hermanas cada año durante las siguientes cuatro décadas. La serie se convirtió pronto en una de las más longevas y famosas del americano, capaz de transmitir numerosos detalles, sutilezas y sensaciones. Pero ¿qué es lo que realmente atrapa de este trabajo? 

En primer lugar, atrae la sencillez y naturalidad que se respira en todo el proyecto. Es cierto que la composición de todas las fotografías está estudiada y sigue los mismos parámetros establecidos en la primera imagen (idéntico formato en blanco y negro, iluminación natural, misma colocación de los sujetos y casi misma posición), pero todas esas medidas formales parecen querer evitar que nuestros ojos se despisten con nimiedades: el fotógrafo evita cualquier atrezo o distracción para que nuestra mirada se concentre en las cuatro hermanas. Son ellas las verdaderas protagonistas y sus retratos destilan simplicidad, sinceridad y realismo. Aparecen tal cual son en distintas épocas, sin vestimentas elegantes ni maquillajes espectaculares, sin ornamentos ni decoraciones. Ellas, y solo ellas, con su belleza, sus imperfecciones y sus marcas. 


Enamora, también, la capacidad de este proyecto para captar el paso del tiempo…o, mejor dicho, “los cambios y transformaciones que el transcurrir del tiempo ha ido ocasionando en sus sujetos y en las relaciones que establecen entre ellos”, tal como escribió el periodista Manuel Rodríguez Rivero. Nixon nos brinda el privilegio de asistir al crecimiento desigual de cuatro chicas de Cincinatti, tanto física como espiritualmente: a través de cuarenta imágenes, los espectadores descubrimos los cambios en sus cuerpos, la aparición de sus arrugas o sus cambios de peinado, pero también la evolución de sus miradas y actitudes desde la rebelde juventud a la serena madurez. No puedo dejar de pensar en una frase atribuida a Ingmar Bergman que dice: “Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”. Este proyecto es, sin duda, la representación visual de esta afirmación. 

Pero aparte de representar ese crecimiento físico y espiritual, este proyecto es capaz de mostrar, además, la relación entre las propias hermanas. Todas ellas son unas autenticas desconocidas ante nuestros ojos (no sabemos por qué sonríen, si tienen familia, o si padecen alguna enfermedad), pero podemos respirar la buena sintonía que existe entre ellas. Y lo más curioso es que esa sintonía evoluciona de forma visible con el paso del tiempo: en las primeras imágenes, cada una parece reclamar su propia individualidad pero, con el transcurso del tiempo, el espacio entre ellas es más estrecho presentándose casi como una unidad. Poco a poco se tocan más, se abrazan más, se acercan más, como si su individualidad fuera teniendo menos importancia y su hermandad, su conexión, fuera más fuerte. 


Me gustaría destacar, por último, otro un punto importante: es erróneo pensar que nosotros, los espectadores, somos solo testigos de lo que ocurre dentro de los retratos. En todas las imágenes las cuatro protagonistas nos miran a los ojos, como si nos quisieran avisar de que nosotros tampoco nos escapamos del paso del tiempo. Representando el envejecimiento de unas mujeres a las que no conocemos, Nixon nos advierte de que sus transformaciones son también las nuestras. Tal como dijo hace unos años Pablo Jiménez Burillo, Director del Área de Cultura de Fundación Mapfre, esta serie “tiene una extraña capacidad para hablarnos del tiempo, de la vida y de nosotros mismos”. Con muy poco, Nicholas Nixon capta uno de los miedos más extendidos entre los hombres: nuestra propia mortalidad. 

Este cóctel de ideas y sensaciones es capaz de cautivar al público más reacio y difícil. Con su sencillez y aparente ingenuidad, nos encontramos ante un proyecto digno de recordar.

viernes, 9 de febrero de 2018

#Womanarthouse: Billie Zangewa

A pesar de enfrentarnos al frío y a la cuesta de enero, #Womanarthouse sigue su aventura semana a semana. El pasado lunes 29 de enero pusimos otra piedra en el camino, presentando un hilo nuevo en Twitter dedicado a la artista africana Billie Zangewa. En este texto se resume todo aquello que se contó sobre ella. ¿Os animáis a seguir leyendo?


De madre sudafricana y padre Malaui, Zangewa nació en 1973 en Blantyre (Malawi), y creció y se educó entre su país de origen y Botswana. Quiso ser artista cuando era muy joven gracias a un evento fortuito: se enamoró del dibujo hecho por una amiga. En ese instante “supe que llegar a las personas de esa forma era lo que quería hacer. Desde ese momento en adelante dibujé cada día.”
A la hora de ir a la universidad, la artista se trasladó a Sudáfrica para estudiar la licenciatura de Bellas Artes en la Rhodes University de Grahamstown. El país la conquistó y actualmente vive y trabaja en Johannesburgo… pero no todo fue de color de rosa. Su llegada a Johannesburgo no fue precisamente fácil: “fui excluida de la comunidad. Sin embargo, soy una persona increíblemente determinante y eso no me detuvo. Encontré un camino para llegar.”

Con el tiempo Sudáfrica se ha convertido, a pesar de las dificultades, en su hogar. Pero eso no ha evitado que disfrutará de largas temporadas en Europa realizando residencias artísticas. Cuando se le pregunta qué diferencias existen entre un continente y otro, Zangewa es tajante: 
“la situación socio-política en cada continente y de la que se nutre la creatividad de sus residentes es muy diferente, pero el lenguaje del arte es universal.” Y ve muy positivo que se este cambiando la forma en que las personas ven el arte africano en todo el mundo: “existe un interés cada vez mayor y la cantidad de exposiciones centradas en Africa es una prueba de ello.” 
La difusión de su trabajo es ejemplo de ello. Zangewa ha expuesto en numerosas ocasiones. Sólo en 2017 ha presentado sus trabajos en instituciones tales como Padiglione de’Arte Contemporanea (Italia), Massachusetts Museum of Contemporary Art (EEUU), Mu.ZEE (Bélgica), CIAP (Bélgica), Centro Atlantico de Arte Moderno (España) o IZIKO South African National Gallery (Sudáfrica). Y ha estado presente en numerosas ferias, entre las que se encuentra la reconocida Art París Art Fair.

Pero el camino para convertirse en artista visual reconocida no ha sido muy directo. A lo largo de su vida laboral ha probado suerte en sectores tan dispares como la moda, la publicidad o la música (bajo el nombre de Billie Starr). Su experiencia en estos mundos tan distintos la han enseñado mucho: “aprendí estrategia, trabajo duro y perseverancia al igual que disciplina, y uso estas cualidades en las cosas que hago. Todas estas experiencias han ampliado mi visión y experiencia.”
Su experiencia en la moda aportó a Zangewa, además, otro elemento interesante: desarrollar aún más su amor por el mundo de los textiles, un amor que ha plasmado en sus obras artísticas posteriores. Para ella lo textil “tiene algo de relación con el género y la identidad. Quiero enseñar mi apreciación a la experiencia femenina, al mismo tiempo que conversar con la tradición y la percepción.”
Con su fascinación por las telas en mente, ha sabido experimentar y crear enormes tapices con increíbles texturas, colores y narrativas. Y realizadas, en su mayoría, con su material predilecto: la seda. Ella misma comentó hace tiempo que “la seda tiene una calidad de reflexion fabulosa pero, al mismo tiempo, creo que es muy moderna y está a la vanguardia de la moda.”
Y aunque su experiencia en la moda la ayudó a mejorar el uso de una tela tan delicada, es  interesante escucharla hablar de cómo aprendió a usar el hilo y la aguja… durante su infancia viendo, escuchando y experimentando:
“Me introduje en el mundo de la aguja mirando a mi madre y sus amigas cuando cosían en grupo. Después, mi escuela primaria ofrecía costura como actividad extra curricular y yo, que era muy curiosa e intentaba hacer muchas cosas, lo disfruté mucho. Más tarde, en mi adolescencia empecé a realizar mi propia ropa. Así es como aprendí a utilizar hilo y aguja. Estudié Bellas Artes en la universidad, especializándome en grabado, y supongo que mi trabajo es una combinación de ambas experiencias.”

Ya como artista visual, 
la africana utiliza las telas en la actualidad para hablar principalmente el tema de la identidad y lo que esto significa para ella, ocupándose sobre todo de “la experiencia femenina tanto a nivel personal como a nivel universal.” Sus tapices representan, en su mayoría, momentos de su vida cotidiana (donde ella parece ser un símbolo de todas las mujeres africanas modernas). Ella misma comentó hace tiempo que cree importante que “las historias de mujeres sean contadas por mujeres. Siento que mi propia historia es también colectiva y mi objetivo es encontrar conectividad.”
En este punto, ¿qué proyectos específicos de Billie Zangewa podemos destacar? Ella recuerda con especial cariño su primera muestra: “mi primera exposición de obras textiles llamada Hot in the City (Calor en la ciudad) siempre estará ligada a una sensación irrepetible.” Pero seguramente una de sus piezas más conocidas es The Rebirth of the Black Venus, inspirado en la obra El nacimiento de Venus de Botticelli y la historia trágica de la Venus negra Saartije: “se trata de la explotación histórica del cuerpo femenino negro (como ejemplifica la historia de La Venus hotentote) así como el descubrimiento de su poder en una reencarnación moderna.” Tras ella, todos sus tapices con escenas cotidianas son piezas para coleccionar.

Para terminar este monólogo, dos preguntas interesantes. La primera: ¿qué otros artistas  inspiran a Zangewa? Se pueden nombrar a los diseñadores Issey Miyake, Dries Van Noten y Rei Kawakubo (creador de la marca Comme des Garçons); el pintor y escritor Yayoi Kusama; los escritores Dambudzo Marechera y Chimamanda Ngozi Adichie; o los cantantes Busi Mhlongo y Brenda Fassie. Y ¿cuáles son sus artistas favoritos en Sudáfrica? Responde tajante: “Marlene Dumas, Lebohang Kganye, Tracey Rose y Jane Alexander son increíbles artistas. Escoger un artista favorito es como un color favorito, imposible.”
¿Objetivos? Muchos, pero especialmente “ser una buena madre para mi hijo, ser feliz y continuar disfrutando de lo que hago y creciendo como persona y artista.
Y aquí acabamos por hoy. Este artículo solo muestra unas pequeñas pinceladas sobre el trabajo de Billie Zangewa, pero podéis encontrar más información en la web Afronova (aquí) y en la web de Las Hilanderas (aquí), o ver el reportaje realizado por la BBC (aquí).

viernes, 15 de diciembre de 2017

#Womanarthouse: Annegrete Soltau

La iniciativa Woman Art House continua cada lunes en Twitter con el objetivo de poner en relieve el trabajo de mujeres artistas contemporáneas. El pasado lunes, 11 de de diciembre de 2017, fue de nuevo mi turno y hablé de Annegret Soltau, una artista nacida en Lüneburg (Alemania) en enero de 1946. Su trabajo fue referente fundamental en los años 70 y 80, aunque aún sigue en activo creando piezas realmente increíbles… ¡Os dejo un pequeño resumen de lo que se contó en Twitter!




En primer lugar, es importante destacar que la infancia de esta creadora alemana no fue fácil. La propia Soltau contó en una ocasión que era una “hija ilegitima” y eso siempre se consideró una mancha en su juventud: “en mi pueblo, la gente a menudo me llamaba Wechselbalg, una mocosa de padres desconocidos porque nadie sabía quién era mi padre”.
Se crió con su madre y abuela sufriendo ciertas dificultades: “crecí en una granja y nunca tuve tiempo para mi. Cuando otros niños iban a nadar, a mi me decían `Tienes que recoger heno, tienes que traer las remolachas, tienes que recoger las fresas´… Incluso en invierno estaba ocupada: tenía que salir fuera y separar plantas, o ayudar con la carnicería y coser los intestinos. No pude hacer lo que me interesaba. No tuve tiempo de leer y no tenía ningún libro.” Palabras duras, a las que añade: “No se me permitió leer ni hacer las cosas que me gustaban. Siempre me dijeron que no, que tenía que tejer." El hilo se convirtió posteriormente en una de sus señas de identidad artística, pero siempre tuvo con ese material una relación de amor-odio por esa obligación infantil.
Aunque tuvo la posibilidad de estudiar en el colegio, empezó a ganar dinero en su adolescencia ya que nunca recibió “ni un penique” de su madre (“ella nunca me dio nada”, tal como ha comentado). Desde los 16 años aproximadamente trabajo en lugares tan dispares como el Dresdner Bank, la consulta de un doctor que trataba a víctimas de accidentes en Hamburgo, diversos bares e, incluso, estuvo en Inglaterra como au-pair. Pese a ello tuvo clara su afición artística desde muy pronto y decidió formarse.
Comenzó sus estudios superiores en 1967, estudiando primero pintura y artes gráficas en el Hochschule für Bildende Künste (la universidad de las artes de Hamburgo). Fue allí donde recibió clases de maestros tales como Hans Thiemann, Kurt Kranz, Rudolf Hausner o David Hockney. Posteriormente continuó su formación artística en Viena (asistiendo a la Academia de Bellas Artes), Milán o Roma.
¿Qué recuerdos tiene de esos años? “Durante mis estudios sólo enseñaban hombres, no mujeres. Y además no podías esperar mucho apoyo del profesorado si el estilo de tu trabajo no era similar al suyo. Me cambiaba a menudo de clase.

A pesar de los problemas, continuó con ilusión su carrera artística y se decantó pronto por la performance y la fotografía como medios de expresión. Utilizando en la mayoría de las ocasiones su cuerpo o el cuerpo de gente que conocía, empezó a reflexionar sobre el cuerpo femenino, la familia, la sexualidad, la maternidad, la enfermedad, la violencia o el paso del tiempo. Y aún recuerda con detalle la repercusión que tuvo su primera exposición: “el titular del periódico local decía: Mujeres de Annegret Soltau. Me preguntaba por qué lo decían: ¿sólo dibujaba mujeres? Simplemente había comenzado conmigo mismo. Yo era un ser humano. No estaba creando una distinción clara entre hombres y mujeres (…). Los seres humanos son mi tema. No quiero crear la impresión de que sólo la mitad de la humanidad me interesa, y que excluyo deliberadamente a la otra mitad de mi trabajo (…). Sólo quería trabajar de una forma directa y física con mi propia apariencia."
Los años 70 fueron especialmente productivos. Soltau creó lo que ella misma llamaba body drawing o dibujo corporal: “en vez de hacer una linea en un papel o dentro de los bordes de la placa de metal, use hilo real como herramienta para dibujar directamente en mi cara, en mi cuerpo y en el de otras personas.” Y no sólo eso: también realizaba foto-costura... reconstruía, reconectaba y cosía fragmentos de fotos suyas, de su familia y de amigos, e incluso insertaba partes de imágenes de animales, para crear imágenes totalmente nuevas.

Muchas de las piezas creadas desde entonces destacan fundamentalmente por trabajar con las ideas de destrucción y reconstrucción. Soltau suele utilizar pedazos de fotografías e instantáneas que rompe, corta, rasga y cose. Una forma singular de basarse en la destrucción, la auto-mutilación o la división para dar origen a algo totalmente nuevo, diferente, único. Una metamorfosis dolorosa y bella a partes iguales. La propia artista defiende su interés por el cuerpo con las siguientes palabras: “durante mucho tiempo me he interesado en Leibphilosophie (la filosofía del cuerpo) y he intentado ponerme en contra de los dictados de la belleza, además de intentar entender a los hombres y mujeres existencialmente.”
Dentro de su extensa carrera, ¿qué obras podemos destacar? Para empezar hay que nombrar sin duda Self (1975-76), una serie compuesta por fotos suyas cosidas con hilo negro: “Comencé documentando fotográficamente mi performance Selbst, donde pasaba un hilo negro por mi cara. Tras ello decidí coser los retratos que surgieron con un hilo de seda gris, usando la fotografía como una forma de presentar la técnica del sobre-cosido.”

También podemos destacar una de sus series más complejas y elaboradas, Generativ (1994-2005). Está compuesta por fotografías en las que “construye” cuerpos desnudos con partes de algunas mujeres de su familia (su abuela, su madre, su hija y ella misma). Generativ muestra, en el fondo, todo el lapso de cambio corporal entre jóvenes y mayores, entre el cuerpo de edad que se desvanece y el cuerpo emergente en la pubertad.

Una forma curiosa e impactante de crear…  Ella misma dijo que su inspiración "viene de mi vida personal y de los alrededores; soy consciente de lo que sucede en nuestra sociedad de una manera sismográfica. Mis ideales por supuesto cambian con el tiempo.”
Y ¿qué planes tiene para el futuro? Soltau nos lo cuenta: “muchos de mis trabajos son series. Me ocupo de un tema hasta que me aburro o hasta que otro se convierte en algo más importante para mi. En este momento estoy todavía trabajando en la serie KörperÖffnungen. Y además, debido a mi edad, estoy preparando también mi propio catálogo razonado. Este trabajo se ha convertido en un monstruo y no sé cuando podré terminarlo.”

Si queréis conocer más a esta creadora, podéis leer una de sus últimas entrevistas en español publicada en la página web de Las Hilanderas (AQUÍ)… Y también os recomiendo visitar su página web: www.annegret-soltau.de
Pero recordad, aún así, que #womanarthouse no acaba aquí. El próximo lunes 18 de diciembre, Sara Torres hablará del trabajo de  Remedios Varo en Twitter. ¡No os lo perdáis!

miércoles, 22 de noviembre de 2017

#Womanarthouse: María Gimeno

La iniciativa Woman Art House, de la que hablábamos hace unas semanas en este mismo blogcontinua con el objetivo de poner en relieve el trabajo de mujeres artistas contemporáneas. Cada lunes, a mediodía, se lanza un nuevo hilo en Twitter dedicado a una de estas creadoras, que podréis seguir a través del hashtag #womanarthouse. El próximo 27 de noviembre hablaremos de la artista Ángela de la Cruz con Emma Trinidad y estáis todos invitados a uniros al debate. Mientras esperamos, os informo de que el pasado 20 de noviembre tuve el honor de ser la responsable del pequeño homenaje que hicimos a la artista española María Gimeno y os quiero dejar un pequeño resumen de lo que se contó.


María Gimeno nació en Zamora en 1970 y se formó entre España e Italia. ¿Por qué decidió hacerse artista? En una entrevista para el periódico ABC, ella misma respondió: “No tengo ni idea. Supongo que tuve una necesidad, un impulso interno por hacer algo así.

A la hora de elegir su carrera universitaria, la artista se decantó por hacer Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid, aunque no fue fácil: “me costó bastante entrar (…), aunque tenía clarísimo que ese era mi deseo. Se interpuso otra carrera entremedias para satisfacer a mis padres y los años de huelgas en la facultad, pero al fin lo conseguí.” Consiguió licenciarse en 1996 y desde entonces vive en Madrid, donde ha desarrollado gran parte de su carrera artística.

Pero ¿dónde trabaja exactamente? Siempre ha realizado su actividad creativa en estudios. Tuvo, de hecho, su primer espacio artístico bastante pronto: “Fue en el sótano de casa de mi madre. Hasta ese momento estaba pintando en mi habitación y era horrible porque pintaba con óleo y los olores eran muy fuertes.” Después pasó por otros dos estudios hasta llegar al que usa actualmente (en La Latina): “Es mi espacio; mío-mío. Muchas veces estoy aquí sin hacer nada. Es un lugar seguro, me siento muy a gusto. Me encanta.” Lo más curioso  es que hace poco  descubrió que en el edificio donde está este estudio actual vivió y murió la escultora barroca Luisa Roldán, tal como contó a la revista Madriz“me llamaron del Departamento de la Recuperación Histórica del Ayuntamiento y me dijeron que habían averiguado que este edificio formaba parte de las casas del palacio del Duque del Infantado, mecenas de la escultora, y que aquí vivió y murió la Roldana. Llamaban para preguntar si podían poner la placa conmemorativa en la fachada. ¡Me quedé lívida! Me hizo muchísima ilusión… Este espacio tiene algo especial, por lo visto, durante la Guerra Civil venían aquí a bailar para olvidarse un poco de las penurias”.


En cuanto a su trabajo, Gimeno se considera así misma una artista multidisciplinar que ha trabajado con video, performance, escultura, dibujo o fotografía. Tal como ella comentó, “no me ato a ninguna técnica… ¿para qué? Cada pieza, cada proyecto, necesita ser expresado con uno u otro lenguaje.” A pesar de ello, destaca principalmente su trabajo como performer y su uso del hilo y la aguja.


¿Cómo es su proceso creativo? Ella misma lo explicó claramente en la web de Las Hilanderas: “supongo que todo comienza con una intuición, con una necesidad de agarrar una idea, una imagen, una sensación de que hay algo importante que quieres contar. Las intuiciones empiezan y terminan muchas veces en nada o en todo. Cuando veo algo muy claro simplemente lo hago, lo hago porque sé que es lo que tengo que hacer, porque por algún motivo sé que es lo acertado… y, aunque conceptualmente parezca que esté cogido con pinzas porque aún es demasiado pronto para explicarlo con fundamento, hay algo curioso: generalmente las intuiciones son bastante certeras, mucho más complejas y ricas de lo que uno pudiera pensar en un primer momento.” Sea como sea, la artista es consciente de que muchos de sus proyectos son largos y tardan en terminarse: “mi trabajo es en general un poco lento, me gusta desarrollar ideas que se ligan al transcurrir del tiempo y va unido al conocimiento de mi estar en este mundo… Llevo a cabo procesos con tiempos medievales.”

Mirando ya más detalladamente sus obras, podemos destacar algunos trabajos como Poligamia (una instalación realizada con una serie de hilos multicolor), Every day an artist (para el cual se realizó un retrato cada día durante un año) o Cage Acction (un proyecto en el que una mujer está en el interior de una especie de jaula o Burqa de tela que poco a poco se va destejiendo). Pero quizás una de sus obras más destacables es Queridas Viejas: es un proyecto performativo con el que quiso completar el manual La Historia del Arte de Gombrich introduciendo la historia de las mujeres que el libro original había olvidado.


Durante su extensa carrera Gimeno ha expuesto su obra de manera constante en galerías y museos por distintos lugares del mundo como Zamora, Madrid, Bilbao, Berlín, París, Basilea o Guadalajara. Su obra forma parte de importantes colecciones privadas, y ha obtenido varios premios como la mención de honor en Generaciones 04 de Caja Madrid (2004), el Primer Premio de Escultura del Certamen de Jóvenes Creadores del Museo de la Ciudad (1999), o el Primer Premio de Pintura El Foro (1996). Actualmente trabaja con la galería Claudia Arbulu, espacio que la describe con las siguientes palabras: “su trabajo es femenino y feminista, implicado con la situación de la mujer en el siglo XXI y con el compromiso de ser artista." Si queréis saber más sobre esta artista, os recomiendo sin duda visitar su página web www.mariagimeno.com y bucear entre todos sus proyectos.

jueves, 9 de noviembre de 2017

El fenómeno de los nostálgicos y apasionados

"Toda pasión colinda con lo caótico, 
pero la pasión del coleccionista colinda
con un caos de recuerdos
Walter Benjamín (1892-1940)


¿Qué es coleccionar? 
Difícil pregunta a la que nos enfrentamos hoy, a pesar de su aparente inocencia. Responderla me parece una tarea titánica llena de curvas y recovecos que darían para varios capítulos en cualquier investigación. Aun así, intentaré ordenar mis pensamientos en unas cuantas líneas y espero (por vuestro bien) que las alas de mi imaginación no se desaten en excesivo.
Para comenzar este monólogo, quiero mencionar que el acto de coleccionar me parece un fenómeno sorprendente, capaz de apoderarse del corazón, del deseo y de la cartera de los más nostálgicos y apasionados. Unas pocas palabras serán suficiente para definir dicho fenómeno: no es más que un acto de recolección en el que una persona o institución reúne, como si fuera un agricultor, objetos de naturaleza similar bajo un mismo techo. Mediante adquisiciones, trueques u otros procedimientos, acumula piezas del pasado con la intención de recuperar sus historias del olvido, liberarlas del abandono y deterioro en los que algún día sucumbieron. Tal como dijo el profesor e investigador Jezreel Salazar, un coleccionista llega a ser “un ejercitador de la memoria: vive gracias al recuerdo y lleva a cabo un esfuerzo por no olvidar”.

Es verdad que muchos coleccionistas parecen comenzar su recolección de forma incoherente, confusa y desordenada. Se dejan llevar más por el corazón y los sentimientos que por la razón, pero poco a poco la propia colección va tomando forma. Los objetos, inconexos a primera vista, parecen complementarse con el tiempo y consiguen crear historias conjuntas, narrativas complejas y discursos interesantes al presentarse unos junto a otros. Poco a poco el coleccionista se convierte en un ser a medio camino entre el historiador y el archivista, cuya función es recuperar, inventariar y dar sentido a objetos olvidados a través de una narrativa común. No puedo dejar de pensar, de nuevo, en otras palabras de Salazar increíblemente ciertas:
Detrás del caos aparente y en medio de las satisfacciones a medias, el coleccionista lleva a cabo siempre un ejercicio de reordenamiento, mental y real, de los objetos que conforman su acervo. Hay una intención de completud y de jerarquización de aquello que se posee. El coleccionista tiende a interpretar el pasado en función de un orden imaginario. Es el encargado de darle un sentido y unidad a la diversidad de formas y estilos presentes en su colección”.
Pero cuidado: a pesar de la satisfacción que supone ser capaz de ir creando y dando forma a una colección, es importante mencionar que coleccionar es una tarea complicada que en muchas ocasiones se vuelve toda una obsesión. Los coleccionistas se convierten, prácticamente, en cazadores de tesoros capaces de vivir, soñar y respirar por un único fin: conseguir aquellas piezas que les faltan para completar sus colecciones. Una tarea colosal, gigantesca, que requiere de tiempo, paciencia y búsquedas interminables. Y a pesar de esos tres pilares, hay piezas que se resisten y nunca llegan a conseguirse, llenando de angustia, frustración e impaciencia a nuestros protagonistas.
Tal como escribió Mario H. Gradowczyk, “a la voluntad del coleccionista de navegar por una colección de objetos, se opone su angustia por no poder completar la serie soñada”. Coleccionar debe verse como una actividad a largo plazo que en la mayoría de los casos nunca llega a su fin. Una colección es como una amante en la que se gastan recursos, horas y energía y no siempre devuelve el favor.
Pero a pesar de las dificultades que surgen en el camino, cualquier coleccionista (sea particular o institucional) debe ser visto como un héroe con un importante rol cultural y social: conservar aquellos elementos que el Estado y la sociedad no protegen (por desinterés o imposibilidad). Una acción gigantesca, solitaria y, en muchos momentos, incomprendida.

Texto escrito para el blog de la Fundación Mapfre.
Más información AQUÍ

domingo, 5 de noviembre de 2017

#Womanarthouse

La historiadora norteamericana Linda Nochlin, recientemente fallecida, escribió en 1971 un articulo clave dentro de la historia del arte, bajo el título ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas? Tal como demostraba con tan sólo unos párrafos, las mujeres habían sido sistemáticamente olvidadas por el discurso oficial: sus obras no se exponían en museos, no aparecían en libros y no se discutía sobre ellas. Parecían no haber existido jamás. Y lo más triste es que ese olvido parece que ha continuado en los últimos años, aunque han salido ya muchas voces en su contra. 

Ante esta situación, ante esta injusticia, varias profesionales del arte nos hemos unido para mover conciencias (Sara Torres, Emma Trinidad, Isabel González y yo misma). Las cuatro hemos comenzado una iniciativa titulada Woman Art House con la que queremos mostrar esa parte de la historia artística obviada, escondida y rechazada durante siglos. Pero ¿en qué consiste realmente este proyecto?


Todos los lunes una de nosotras promociona el trabajo, la historia y la vida de alguna mujer artista elegida previamente e intenta generar debate y conversación entorno a ella con toda aquella gente interesada en participar. Para conseguir más impacto, utilizamos una de las herramientas más abiertas, accesibles y sociables que existe en estos momentos: Twitter. A través de una serie de tweets difundimos, escuchamos y generamos movimiento en la red social, promocionando el trabajo de esas creadoras olvidadas. 

Muchos se preguntan de dónde surge el nombre de la iniciativa. Fácil respuesta: es todo un guiño a la historia de las mujeres en el arte. Womanhouse fue, de hecho, el nombre de la primera exposición feminista organizada por Judy Chicago y Miriam Schapiro en 1972. En ella un grupo de estudiantes intervino una casa abandonada en Los Ángeles convirtiéndola en una proclama del arte creado por mujeres. Un gesto que ha quedado en los anales de la historia y que nosotras queremos recuperar para seguir luchando contra el olvido, contra las desigualdades, contra las injusticias. 

La iniciativa ya tiene dos semanas de vida, tiempo suficiente para haber hablado ya de dos artistas destacables: Maruja Mallo y Louise Bourgeois. Y mañana es el turno de la tercera, Carolee Schneemann. Si estáis interesados, sólo os aconsejamos una cosa: estar atentos al hastage #womanarthouse en Twitter, escuchar y aprender de todo lo que se difunde, y participar con todo aquello que queráis.

Por supuesto estamos dispuestas a que sea un proyecto continuado y “a que se añadan nuevas colaboradoras en un futuro” tal como dice Sara. ¡A mover el esqueleto y teclear en vuestro móvil! 

Maruja Mallo

viernes, 27 de octubre de 2017

`Mutaciones´ de Ruth Peche

Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza 
habla mientras el género humano no la escucha
 — Victor Hugo —

Bien es sabido que la naturaleza ha sido una fuente de inspiración para artistas y creativos durante siglos. Aunque esa naturaleza ha sido capaz de aterrorizar a generaciones enteras por su indomabilidad, misterio y superficie, muchos de los elementos que la componen nos han conquistado por su belleza, pureza y libertad. Ruth Peche recoge en sus obras esa fascinación por nuestro entorno, pero enfrentando lo natural con una de sus peores amenazadas: la huella del ser humano. 
La relación entre naturaleza y humanidad se respira, sin duda, en su último proyecto: la exposición Mutaciones, que se abrirá el próximo 3 de noviembre en el Palacio de Pimentel (Valladolid). En ella se presenta una serie de obras que reflejan un problema poco publicitado pero realmente trágico: la contaminación de los entornos naturales por la basura y los residuos surgidos del consumo humano, muchos de ellos no biodegradables y tóxicos. Sus piezas son, indudablemente, una representación visual de una de las afirmaciones más tristes del oceanógrafo Charles Moore: “nosotros, los humanos, producimos la basura que la naturaleza no puede digerir”.
Las obras de Peche representan imágenes de una realidad cruel, siniestra y amarga, pero presentada curiosamente de forma sublime y poética. La artista busca despertar nuestra conciencia medioambiental mediante imágenes estéticamente cuidadas y delicadas. Los plásticos y demás residuos protagonistas son tratados de forma escultórica para crear objetos seductores y bellos que, a la distancia, parecen confundirse con el entorno en el que se encuentran. Peche está queriendo seducir y atraer nuestra mirada para que, ya de cerca, nos preguntemos qué es lo que vemos, de dónde surgen esos productos, qué es lo que estamos haciendo. Mediante la elegancia visual, quiere que reflexionemos sobre la catástrofe que estamos provocando: nuestra intervención en el ciclo natural de la vida y la muerte introduciendo materiales que no se degradan, sólo mutan con el tiempo. Los espectadores podemos disfrutar de la belleza de aquello que nos da miedo, de la belleza de lo amenazante, de lo fascinante de lo terrorífico.
Los trabajos de la madrileña son una continua batalla de opuestos que juegan con nuestra percepción: en ellos vemos lo natural y lo humano, lo orgánico y lo sintético, lo real y lo artificial, lo bello y lo trágico, la vida y la muerte. Con todas esas contradicciones, el objetivo final de la exposición sigue siendo claro: “llamar la atención”, según las propias palabras de Ruth, “sobre la difícil coexistencia entre nuestro sistema de vida actual, la evolución natural del paisaje y las consecuencias futuras que puede acarrear”. Igual que otros artistas como Irene Sanfiel (alias Zireja) y su proyecto The Waste Coast, Mandy Barker y su obra Soup o Catalina Bauer y su trabajo Mapa, Peche quiere abofetear a esa sociedad adormilada ante la destrucción de nuestro entorno y preguntarnos qué queremos dejar a sus hijos.


Texto publicado en el catálogo de la exposición Mutaciones
Más información sobre la muestra:

Dirección:
Palacio de Pimentel
C/ Angustias 44
Valladolid

Fechas:
del 3 de noviembre al 3 de diciembre.

Inauguración:
3 de noviembre - 20 horas.