lunes, 4 de junio de 2018

Graciela Iturbide en #WomanArtHouse

El lunes 28 de mayo se publicó en Twitter el último hilo de la iniciativa Woman Art House… y en él se habló de Graciela Iturbide, una de las fotógrafas más emblemáticas de México y un referente cultural en América Latina. El siguiente texto resume todo aquello que se mencionó. ¡Os gustará!


Iturbide nació en 1942 en Ciudad de México. Hija de padres católicos y conservadores, fue la mayor de 13 hermanos y la más rebelde. Al preguntarle qué tal se llevaba con su padre, ella misma comenta: “supongo que bien, aunque pronto se percató de que entre sus filas había una oveja descarriada. Me decía ‘No vengas a meter aquí malas ideas’. Especialmente cuando me vinculé al Partido Comunista”.

Durante su adolescencia vivió recluida en un internado del Sagrado Corazón: “ahí —dice Iturbide— aprendí mucho acerca de la soledad.” Pero tal como informa el periodista Diego Rabasa, busco pronto una solución contra la tristeza: “devoró libros del Siglo de Oro y cultivó lo que según el filósofo Miguel Morey quizá sea el conocimiento más importante de todos: saber acompañarse.”

Durante sus visitas a la casa familiar comenzó a tener contacto con la fotografía: “mi papá siempre nos tomaba instantáneas y a mí me encantaba hurgar a escondidas en el cajón y robarlas. Además, a mi casa llegaba la revista Life. Tenían unos reportajes muy buenos. Yo era una niña y no sabía ni quién era Cartier-Bresson.” A esto se unió un regalo que recibió a los 11 años, una cámara Brownie, con la que empezó a fotografiar aquel mundo que la rodeaban.


Recién salida del internado y con apenas 20 años, contrajo matrimonio, quizás buscando la libertad que no encontraba en su casa familiar, y pronto tuvo tres hijos: Manuel, Claudia y Mauricio. Unos años después, ya divorciada y con sus hijos yendo al colegio, Graciela decidió ingresar en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la Universidad Autónoma de México para estudiar cine (tras escuchar en la radio un anuncio de esta institución): “yo ya me imaginaba con mi pañuelo volando por las calles, ya tenía hasta mi guión. Apliqué y me aceptaron.”

Aunque su intención inicial era convertirse en directora de cine, no fue el cine lo que la terminó enamorando. En esta escuela conoció la fotografía de Manuel Álvarez Bravo, quien estaba enseñando como profesor, y en 1970 se convirtió en su asistente: “él estaba haciendo, para la Editorial de la Plástica Mexicana, un libro sobre conventos. Y fuimos a un convento divino pintado por indígenas”, y se trazó desde ese momento una complicidad que jamás se disolvió.

La amistad entre maestro y discípula fue para toda la vida, pero la tutela duró poco más de un año. Tal como informa la artista, “después de un año y medio de estar con él, sentí que tenía que romper el cordón umbilical, seguir por mi propio camino.” Sola supo crearse una carrera extensa, viajando dentro y fuera de México… de hecho entre 1980 y 2000 la artista fue invitada a trabajar en Cuba, Alemania, India, Madagascar, Hungría, París o EEUU. La lente “primero me permitió conocer mi país y luego lo que pude del mundo.


En todos estos lugares y lo largo de los años, Iturbide ha estado interesada en temas como las fiestas, los rituales, la muerte, los niños y, por supuesto, las comunidades remotas y los personajes extraordinarios. Pero a pesar de su interés por las personas y su entorno, “no soy antropóloga ni socióloga - tal como afirma-. Tomo fotos por el gusto de tomarlas, por el placer profundo que me brindan ciertas imágenes.”

Y de forma indudable Iturbide cree en la subjetividad de la fotografía: “es tu realidad la que ves a través del lente. Porque la realidad es muy subjetiva, no es objetiva como mucha gente cree. De alguna manera, aunque estés viendo por primera vez una imagen, tienes todas estas influencias, lo que has leído, las pinturas que has visto, lo que has vivido…

Sea como sea, ¿qué obras suyas podemos destacar? Sin duda nombraría una de sus series iniciales, centrada en la comunidad Seri (un grupo de pescadores nómadas que habitaban en el desierto de Sonora). Esta serie, llamada “Los que viven en la arena” la realizó a partir de 1978 gracias al encargo del Archivo Etnográfico del Instituto Nacional Indigenista de México para fotografiar a la población indígena.

Dentro de esta serie se encuentra una de las imágenes más icónicas de la fotógrafa; “La mujer ángel”. Aunque Iturbide no recuerda haberla tomado se ha convertido en una prueba del choque entre pasado y presente: “no supe ni a qué hora tomé esa foto en particular. Fue un golpe de suerte, casi como si la cámara, solita, hubiera tomado la foto. Considero que fue un regalo que me hizo la vida. Y es por eso que es mi foto preferida.”


Otra de sus series más destacables es “Juchitán de las mujeres”, trabajo comenzado en 1979 y terminado casi 10 años después, en 1988. Durante ese tiempo la artista se dedicó a retratar al pueblo de Juchitán, el cual forma parte de la cultura zapoteca en Oaxaca, en el sureste mexicano. 

Dentro esta serie destaca especialmente una de sus fotografías más especiales, llamada “Nuestra señora de las iguanas”. En ella la artista retrató a Zobeida Díaz, una vendedora que lleva su mercancía en la cabeza como si fuera una corona: “sólo una foto, de las doce que tomé de ella, me agradó, porque era la única donde las iguanas levantaron las cabezas como si estuvieran posando ante mi cámara.


Entre sus trabajos realizados fuera de Mexico, nombraría su serie “No hay nadie”, formada por 25 imágenes tomadas en ciudades como Benarés, Bombay y Calcuta (India). No aparecen personas en las imágenes, pero en ellas se hace visible la relación entre hombre y naturaleza, individuo y cultura, lo real y lo psicológico.

También es importante mencionar aquellas fotografías en las que Iturbide retrata la muerte. Comenzó a interesarse por ello tras un evento realmente tráfico: “yo tuve el infortunio de perder una hija de seis años, y mi terapia, o así lo pienso, era salir a los cementerios a fotografiar a los angelitos. En México llamamos así a los niños que mueren y a los que ponemos en cajitas con papel de china, flores, incluso su comida, y los llevan a los cementerios (…)”. Pero su obsesión no quedo ahí: durante un tiempo realizó fotografías de cementerios, rituales funerarios o fiestas del día de los muertos, de gran tradición mexicana.


La obsesión de Iturbide por la muerte se mantuvo hasta un encuentro que la impactó realmente: “un día, en una ciudad llamada Dolores Hidalgo, me encontré a un señor y a su familia con el angelito. Me acerqué, les pedí permiso para fotografiarlo y seguirlo al cementerio (…). Seguí al señor caminando por el cementerio, y de repente le vi voltearse como asustado. En el medio del camino estaba la muerte: un hombre mitad calavera y mitad vestido. Algo muy raro, en medio del cementerio.” Y añade “entonces, sentí que la muerte me estaba diciendo: «Ya, Graciela, basta. Hasta aquí». Y sí, hasta ahí llegué. Me dije: «Es verdad, estoy loca, por qué sigo fotografiando esto». Era como una terapia, pero como una terapia dolorosa. Y ya nunca más fotografié la muerte. De los pájaros de la muerte pasé a los pájaros de la libertad. Fue como una liberación.”


De hecho los pájaros han sido otro de sus temas fetiches. A lo largo de tres décadas se ha dedicado a capturar con su cámara aves surcando el cielo, caminando o entre los árboles, viviendo entre los hombres, solitarias o en parvada. Su colección de imágenes sobre pájaros es incontable, pero tiene una razón sentimental: “todos los pájaros me emocionan.”
Una pequeña colección de sus aves salió a la luz en el volumen Las condiciones del pájaro solitario, editado por la colección Círculo de Arte, de la Dirección General de Publicaciones (DGP) del Conaculta. El libro reúne 32 fotografías de pájaros que salieron a su encuentro durante sus viajes por México, la India, Alemania, Italia, Cuba y Estados Unidos.


Podemos cerrar este recorrido artistico con un trabajo de Iturbide que me encanta especialmente: “El baño de Frida Kahlo”. En esta serie la fotógrafa documentó los objetos cotidianos de Frida, objetos que permanecieron durante más de medio siglo guardados en un baño de su hogar, mundialmente conocido como Casa Azul. Si queréis saber más sobre este trabajo, os recomiendo escuchar una entrevista realizada a la propia Iturbide en relación con esta serie (entrevista completa AQUÍ).

Es curioso ver que en todos estos trabajos Graciela muestra un gran interés por la gente, su historia y dignidad: “yo no fotografío la pobreza por la pobreza o la muerte por la muerte. Me interesan las costumbres de la gente, su dignidad, su historia y la de los pueblos”. Óscar Colorado Nates, catedrático de fotografía avanzada, señaló: “más sorprendente que sus fotografías, es la capacidad de Graciela para relacionarse con los demás seres humanos. Ella posee un genuino interés por la persona y evidenciar la dignidad del ser humano en cualquier circunstancia”.

Destaca también su paciencia. Iturbide ha sido definida, de hecho, como una fotógrafa de la calma, de la templanza: ”nunca estoy en las carreras, eso si no, me gusta tomarme mi tiempo, esperar a que pasen cosas y poderlas fotografiar".

Por su calidad y talento, ha sido invitada a exponer de forma individual en instituciones tales como el Centre Pompidou (1982), el San Francisco Museum of Modern Art (1990), el Philadelphia Museum of Art (1997), el Paul Getty Museum (2007), la Fundación MAPFRE (2009), y la Barbican Art Gallery (2012), entre otros.

Si queréis conocer más sobre esta artista, podéis leer el cómic que acaba de publicarse sobre su apasionante vida. Se titula “Iguana Lady. La vida de Graciela Iturbide”, ha sido editado por La Fábrica y sus autores son la escritora Isabel Quintero y el ilustrador Zeke Peña.


También os recomiendo ver la charla que realizó la mexicana en la Fundación Mapfre cuando está institución organizó una exposición de su obra en Madrid (video completo AQUÍ). Y por último, podéis visitar su página web www.gracielaiturbide.org y disfrutar de toda su historia. 


Y ¡aquí termina el texto de hoy! Os invito a participar en el siguiente capítulo de Woman Art House. Se celebrará hoy mismo, 4 de junio, por la tarde en Twitter con el hastage #womanarthouse y la protagonista será la artista Manal Aldowaya.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Entrevista a Anna Roig, editora de la web `Mujeres que cortan y pegan´

Durante gran parte de la historia del arte, las mujeres fueron relegadas a un papel de mero objeto de inspiración para artistas. Eran consideradas sólo musas a las que mirar y retratar. Y aquellas que querían ser artistas fueron realmente escondidas o invisibilizadas en los libros... hasta hace unas décadas. 

En los últimos tiempos han salido numerosos proyectos que han intentado recuperar nombres femeninos del olvido y destacar el trabajo de las nuevas artistas contemporáneas. Uno de ellos es Mujeres que cortan y pegan, una iniciativa creada hace aproximadamente un año por la collagista Anna Roig (y actualmente gestionada por ella, Javier Magerit y Natalia Romay). Con un proyecto como este pretenden mostrar la labor de creadoras cuyas herramientas básicas son las tijeras, el pegamento y el papel. 

Hoy entrevistamos a Anna para que nos cuente más detalles e historias de su trabajo  personal y de su última iniciativa. ¡Seguid leyendo!


El collage es fundamental en tu vida profesional y personal. ¿Qué significa para ti este medio de expresión? 

A día de hoy creo que significa todo para mi. Es mi forma de hablar sin necesidad de hablar, de expresarme, de contar una historia. Es la forma de añadir belleza a lo (feo) que nos rodea. Como siempre digo, es mi pequeña revolución personal.

Hace tiempo que trabajas como collagista (bajo el nombre de Annita Klimt). Para aquellos que no te conozcan, cuéntanos que te gusta plantear con tus piezas.

Mis collages son fotogramas de películas. Creo que cuando te paras delante de una de mis obras puedes sumergirte en una película de la Nouvelle Vague francesa.

Mis collages son piezas muy sencillas. No suelo usar más de dos recortes y creo que lo que los hace especiales es el material que suelo usar para crearlos: papel antiguo de entre los años 50-80. Ese es el tipo de material que me gusta usar, el que cuenta una historia por sí solo.

En mi obra es recurrente el uso de naturaleza y cuerpo femenino. También acabar los collages añadiendo alguna palabra.


Además eres responsable de un proyecto estupendo: Mujeres que cortan y pegan. ¿Cuándo y por qué surgió esta iniciativa?

La idea surgió hace poco más de 1 año con el nacimiento de mi blog godArt Lab. Para el día de la mujer trabajadora quise rendir un pequeño homenaje a las mujeres que, como yo, trabajan el collage como forma de expresión. Por ello publiqué un pequeño artículo mostrando la obra de artistas del collage españolas y, a partir de ahí, todo se fue desarrollando de manera orgánica. En junio del año pasado realizamos la primera exposición colectiva de Mujeres que cortan y pegan en Madrid, en noviembre abrimos página web propia y cuentas en Instagram y Facebook llegando a mujeres collagistas de todo el mundo. A día de hoy ya somos 3500 collagistas o personas interesadas en el collages en nuestro instagram y seguimos creciendo. Y ahora, a finales de junio estamos preparando una súper exposición en MULAFEST, dentro de la programación de MIRADAS EN FEMENINO. Abrimos convocatoria internacional hace unas semanas y está siendo un éxito (esperamos superar las 100 mujeres collagistas participando).

Es interesante ver como con este proyecto quieres visibilizar el trabajo de mujeres artistas, ¿Por qué crees que esto es tan importante en estos momentos?

Siempre tengo presente eso de “haz lo que te gustaría que hicieran contigo” y eso es lo que estoy intentando hacer con Mujeres que cortan y pegan. Soy (somos) mujer (mujeres) y me (nos) dedico (dedicamos) al mundo del arte. Parece que nos viene de serie el estar y sentirnos invisibilizadas.

Si con este grupo (o comunidad virtual) puedo ayudar en algo a que se nos conozca y seamos más visibles como creadoras y como mujeres, ya me doy por satisfecha.

¿Y por qué esto es tan importante en estos momentos? Porque considero que ahora estamos tomando conciencia de quienes somos, de lo poderosas que somos como mujeres y de que debemos alzar la voz y posicionarnos.

Cuéntanos más sobre la convocatoria para MULAFEST.

Nos surgió la oportunidad de presentar un proyecto en MULAFEST y pensamos que organizar una exposición colectiva internacional de mujeres collagistas era una idea estupenda. A la organización le gustó y ahora nos encontramos inmersas en el proceso de selección y en la preparación del montaje.

Queremos que sea algo informal, algo muy urbano acorde con el espíritu de MULAFEST. Por el momento hemos recibido casi 100 collages y esperamos recibir más hasta el próximo 3 de junio, día en el que finaliza la convocatoria. La exposición podrá verse durante los días que dure MULAFEST, es decir, 22-23-24 de junio en Ifema.


Y, por último, ¿qué más sorpresas tienes en la mente para Mujeres que cortan y pegan en un futuro?

Primero de todo, seguir creciendo como comunidad. Que cada día seamos más mujeres de todo el mundo unidas por el collage.

Espero poder seguir avanzando con el proyecto y que podamos ir moviéndolo por diferentes sitios. Y aún es un pensamiento pero esperamos poder dar un salto al papel en un futuro próximo.

lunes, 9 de abril de 2018

¡Mi entrevista en el programa El Chamizo!

Hace unos semanas tuve el gran placer de ser entrevistada por el equipo de El Chamizo, un programa de radio retransmitido por Internet (a través de Radio Topo). Dicho espacio pretende dar voz a apuestas artísticas que intentan visibilizar el feminismo en nuestra sociedad, ademas de tratar también noticias de humor o cualquier realidad interesante de transformación social de actualidad.

¡Mi experiencia fue una gozada! Durante media hora pude hablar de mi proyecto Las Hilanderas, de este blog y de mi amor por los collages. Agradezco mucho al equipo por haberme elegido y darme la oportunidad de hablar de mi trabajo. 

Y buenas noticias: para aquellos que no pudisteis escuchar el programa en directo, podéis oírlo ahora en la página web de Radio Topo (pinchar AQUÍ). 

lunes, 26 de marzo de 2018

Exposición `¿Fronteras?´ en Valladolid

Hoy quiero presentaros uno de los últimos proyectos que he comisariado. Se trata de ¿FRONTERAS?, una exposición inaugurada el pasado 7 de marzo en el Museo Patio Herreriano de Valladolid con el apoyo de la Red de Ciudades Creart. En ella se enseñan obras de dos artistas europeas (Bettina Geisselmann y Ana Kovačić), ambas seleccionadas entre los 54 creadores presentados en una convocatoria pública. 

La muestra estará abierta hasta el próximo 15 de abril y para animaros a visitarla os dejo aquí el texto publicado en el catálogo. ¡Espero que os guste!

© José Ignacio Gil

¿FRONTERAS?

La segunda mitad del siglo XX fue un ejemplo de unión entre naciones y fin de las fronteras. Y a eso ayudó el desarrollo de la globalización, la transformación digital y la aparición de nuevas tecnologías. Pero en este siglo XXI parece que hemos vuelto al pasado. Es paradójico que estando en el momento más digital y tecnológico de la historia, estemos más separados de lo que nunca antes hayamos estado. Tan sólo hay que abrir los periódicos para leer noticias sobre movimientos nacionalistas, líderes xenófobos, muros entre países o rechazo de inmigrantes. Como afirmó Ferran Montesa (de 'Le Monde Diplomatique'), “hoy seguimos hablando de esa aldea global, pero lo cierto es que hay más fronteras que nunca. En pleno siglo XXI, se construyen más muros de contención de los que jamás habían existido.” En este mundo hiperconectado, han vuelto las fronteras y parece que quieren quedarse. 

En un contexto como este, se inaugura la primera Exposición Dual de la Red de Ciudades CreArt en la Sala 0 del Museo Patio Herreriano. Con el titulo ¿Fronteras?, la exposición presenta obras realizadas por Bettina Geisselmann y Ana Kovačić que reflexionan sobre cómo las fronteras nos afectan a nosotros y a nuestro entorno desde puntos de vista distintos.

Geisselmann, alemana de nacimiento pero residente en Valladolid, presenta la instalación Horizontes Transitables. Compuesta por 28 vidrios colgados del techo, la obra es una oda a las fronteras existentes en la actual Unión Europea y cómo estas han cambiado a lo largo de la historia. Su planteamiento es interesante. Cada una de las piezas de vidrio tiene marcados dos elementos visiblemente diferenciados: por un lado la frontera de algún país europeo en un momento histórico específico (dibujada con soldadura de estaño); por otro lado unas huellas más tenues presentes en el propio vidrio que representan fronteras aún anteriores de ese país. Todos esos trazos parecen cicatrices que han sido curadas y que, de alguna forma, forman parte de la anatomía de la Europa que hoy conocemos.

© José Ignacio Gil

Si vemos toda la instalación desde fuera, como un conjunto, da la sensación de que vemos un mapa global del continente, sin orden espacio-temporal, en el que se respira continuidad y unión. Pero si andamos entre las piezas, nos convertimos en viajeros que pueden ver de cerca todas esas heridas pasadas (y ver no sólo cómo estas afectan al territorio -representado por el vidrio-, sino cómo afectan al resto de personas que caminan entre la instalación y cuya silueta se refleja en cada pieza). Lo bueno es que gracias a esa cercanía podemos darnos cuenta de la fragilidad simbólica  de las fronteras que nos dividen: aunque la instalación parezca dura e impenetrable en su conjunto (representando la aparente resistencia de Europa), cada pieza está hecha de materiales delicados que en cualquier momento podrían romperse y estallar en pedazos. 

La croata Ana Kovačić, por su parte, presenta en esta exposición su video Where is home, que recoge testimonios de emigrantes croatas que cruzaron sus fronteras rumbo a Alemania en busca de un futuro mejor. La artista ha sido capaz de captar con su cámara la dualidad en la cual se encuentran muchos de estos emigrantes: quieren adaptarse al país en el que se encuentran sin olvidar la cultura de aquel lugar en el que nacieron. Eso provoca una serie de problemas evidentes: en primer lugar sufren diferencias generacionales (a los más mayores les cuesta integrarse mientras que los más jóvenes son ya parte del nuevo mundo); en segundo lugar padecen los rechazos sociales (para los locales no dejan de ser extranjeros que vienen de fuera y para sus amigos de la infancia son aquellos que se fueron y les dejaron atrás); y en tercer lugar conviven con sus conflictos interiores (muchos se debaten entre sus deseos actuales de mejorar en un país extranjero y los recuerdos pasados del territorio que les vio nacer y al que les gustaría volver). Esos problemas generacionales, sociales y mentales no son más que otro tipo de fronteras que, al igual que las fronteras físicas, crean cicatrices en los personas difíciles de borrar.

© José Ignacio Gil

Ambas obras terminan de alguna forma dialogando para mostrar a los visitantes cómo las diferentes fronteras existentes (las geográficas, las sociales, las mentales y las generacionales) dejan cicatrices imborrables en los ciudadanos que las habitan. Nuestro pasado y nuestro presente, nuestra memoria histórica y nuestras vivencias actuales, marcan nuestra forma de relacionarnos con el mundo. 

Para terminar, os dejo aquí el video 
realizado para presentar la exposición:


martes, 20 de febrero de 2018

Las hermanas Brown: el paso del tiempo en cuarenta imágenes

Texto escrito para la Fundación Mapfre

Recuerdo con mucha nitidez la primera vez que me crucé con el proyecto fotográfico The Brown Sisters. Recorría una pequeña librería del centro de Madrid cuando un amigo, fotógrafo de profesión, dejó caer en mis manos un pequeño catalogo sobre este trabajo publicado por el Museo de Arte Moderno de Nueva York. “Te encantará”, agregó con una seguridad pasmosa. Comencé a hojear preocupada por las altas expectativas y con bastante desconfianza, pero reconozco que mi resistencia cayó después de unas cuantos páginas. Las imágenes me cautivaron de tal manera que aún sigo recordando la mezcla entre emoción, turbación y desconcierto que me provocaron en solo un momento. 


Por supuesto esa misma noche no pude hacer otra cosa que buscar más información sobre el proyecto. Su autor, el estadounidense Nicholas Nixon, comenzó la serie en la década de los setenta, más específicamente en agosto de 1974. Fue en ese verano cuando, durante una reunión familiar, decidió tomar una fotografía de su mujer, Bebe, junto a sus tres hermanas (Mimi, Laurie y Heather). Aunque esa primera imagen no funcionó y fue rechazada, repitió la acción al año siguiente, esa vez con éxito. Lo que había comenzado como un acto espontáneo y fortuito, se convirtió casi en una tradición: Nixon siguió retratando a las hermanas cada año durante las siguientes cuatro décadas. La serie se convirtió pronto en una de las más longevas y famosas del americano, capaz de transmitir numerosos detalles, sutilezas y sensaciones. Pero ¿qué es lo que realmente atrapa de este trabajo? 

En primer lugar, atrae la sencillez y naturalidad que se respira en todo el proyecto. Es cierto que la composición de todas las fotografías está estudiada y sigue los mismos parámetros establecidos en la primera imagen (idéntico formato en blanco y negro, iluminación natural, misma colocación de los sujetos y casi misma posición), pero todas esas medidas formales parecen querer evitar que nuestros ojos se despisten con nimiedades: el fotógrafo evita cualquier atrezo o distracción para que nuestra mirada se concentre en las cuatro hermanas. Son ellas las verdaderas protagonistas y sus retratos destilan simplicidad, sinceridad y realismo. Aparecen tal cual son en distintas épocas, sin vestimentas elegantes ni maquillajes espectaculares, sin ornamentos ni decoraciones. Ellas, y solo ellas, con su belleza, sus imperfecciones y sus marcas. 


Enamora, también, la capacidad de este proyecto para captar el paso del tiempo…o, mejor dicho, “los cambios y transformaciones que el transcurrir del tiempo ha ido ocasionando en sus sujetos y en las relaciones que establecen entre ellos”, tal como escribió el periodista Manuel Rodríguez Rivero. Nixon nos brinda el privilegio de asistir al crecimiento desigual de cuatro chicas de Cincinatti, tanto física como espiritualmente: a través de cuarenta imágenes, los espectadores descubrimos los cambios en sus cuerpos, la aparición de sus arrugas o sus cambios de peinado, pero también la evolución de sus miradas y actitudes desde la rebelde juventud a la serena madurez. No puedo dejar de pensar en una frase atribuida a Ingmar Bergman que dice: “Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”. Este proyecto es, sin duda, la representación visual de esta afirmación. 

Pero aparte de representar ese crecimiento físico y espiritual, este proyecto es capaz de mostrar, además, la relación entre las propias hermanas. Todas ellas son unas autenticas desconocidas ante nuestros ojos (no sabemos por qué sonríen, si tienen familia, o si padecen alguna enfermedad), pero podemos respirar la buena sintonía que existe entre ellas. Y lo más curioso es que esa sintonía evoluciona de forma visible con el paso del tiempo: en las primeras imágenes, cada una parece reclamar su propia individualidad pero, con el transcurso del tiempo, el espacio entre ellas es más estrecho presentándose casi como una unidad. Poco a poco se tocan más, se abrazan más, se acercan más, como si su individualidad fuera teniendo menos importancia y su hermandad, su conexión, fuera más fuerte. 


Me gustaría destacar, por último, otro un punto importante: es erróneo pensar que nosotros, los espectadores, somos solo testigos de lo que ocurre dentro de los retratos. En todas las imágenes las cuatro protagonistas nos miran a los ojos, como si nos quisieran avisar de que nosotros tampoco nos escapamos del paso del tiempo. Representando el envejecimiento de unas mujeres a las que no conocemos, Nixon nos advierte de que sus transformaciones son también las nuestras. Tal como dijo hace unos años Pablo Jiménez Burillo, Director del Área de Cultura de Fundación Mapfre, esta serie “tiene una extraña capacidad para hablarnos del tiempo, de la vida y de nosotros mismos”. Con muy poco, Nicholas Nixon capta uno de los miedos más extendidos entre los hombres: nuestra propia mortalidad. 

Este cóctel de ideas y sensaciones es capaz de cautivar al público más reacio y difícil. Con su sencillez y aparente ingenuidad, nos encontramos ante un proyecto digno de recordar.

viernes, 9 de febrero de 2018

#Womanarthouse: Billie Zangewa

A pesar de enfrentarnos al frío y a la cuesta de enero, #Womanarthouse sigue su aventura semana a semana. El pasado lunes 29 de enero pusimos otra piedra en el camino, presentando un hilo nuevo en Twitter dedicado a la artista africana Billie Zangewa. En este texto se resume todo aquello que se contó sobre ella. ¿Os animáis a seguir leyendo?


De madre sudafricana y padre Malaui, Zangewa nació en 1973 en Blantyre (Malawi), y creció y se educó entre su país de origen y Botswana. Quiso ser artista cuando era muy joven gracias a un evento fortuito: se enamoró del dibujo hecho por una amiga. En ese instante “supe que llegar a las personas de esa forma era lo que quería hacer. Desde ese momento en adelante dibujé cada día.”
A la hora de ir a la universidad, la artista se trasladó a Sudáfrica para estudiar la licenciatura de Bellas Artes en la Rhodes University de Grahamstown. El país la conquistó y actualmente vive y trabaja en Johannesburgo… pero no todo fue de color de rosa. Su llegada a Johannesburgo no fue precisamente fácil: “fui excluida de la comunidad. Sin embargo, soy una persona increíblemente determinante y eso no me detuvo. Encontré un camino para llegar.”

Con el tiempo Sudáfrica se ha convertido, a pesar de las dificultades, en su hogar. Pero eso no ha evitado que disfrutará de largas temporadas en Europa realizando residencias artísticas. Cuando se le pregunta qué diferencias existen entre un continente y otro, Zangewa es tajante: 
“la situación socio-política en cada continente y de la que se nutre la creatividad de sus residentes es muy diferente, pero el lenguaje del arte es universal.” Y ve muy positivo que se este cambiando la forma en que las personas ven el arte africano en todo el mundo: “existe un interés cada vez mayor y la cantidad de exposiciones centradas en Africa es una prueba de ello.” 
La difusión de su trabajo es ejemplo de ello. Zangewa ha expuesto en numerosas ocasiones. Sólo en 2017 ha presentado sus trabajos en instituciones tales como Padiglione de’Arte Contemporanea (Italia), Massachusetts Museum of Contemporary Art (EEUU), Mu.ZEE (Bélgica), CIAP (Bélgica), Centro Atlantico de Arte Moderno (España) o IZIKO South African National Gallery (Sudáfrica). Y ha estado presente en numerosas ferias, entre las que se encuentra la reconocida Art París Art Fair.

Pero el camino para convertirse en artista visual reconocida no ha sido muy directo. A lo largo de su vida laboral ha probado suerte en sectores tan dispares como la moda, la publicidad o la música (bajo el nombre de Billie Starr). Su experiencia en estos mundos tan distintos la han enseñado mucho: “aprendí estrategia, trabajo duro y perseverancia al igual que disciplina, y uso estas cualidades en las cosas que hago. Todas estas experiencias han ampliado mi visión y experiencia.”
Su experiencia en la moda aportó a Zangewa, además, otro elemento interesante: desarrollar aún más su amor por el mundo de los textiles, un amor que ha plasmado en sus obras artísticas posteriores. Para ella lo textil “tiene algo de relación con el género y la identidad. Quiero enseñar mi apreciación a la experiencia femenina, al mismo tiempo que conversar con la tradición y la percepción.”
Con su fascinación por las telas en mente, ha sabido experimentar y crear enormes tapices con increíbles texturas, colores y narrativas. Y realizadas, en su mayoría, con su material predilecto: la seda. Ella misma comentó hace tiempo que “la seda tiene una calidad de reflexion fabulosa pero, al mismo tiempo, creo que es muy moderna y está a la vanguardia de la moda.”
Y aunque su experiencia en la moda la ayudó a mejorar el uso de una tela tan delicada, es  interesante escucharla hablar de cómo aprendió a usar el hilo y la aguja… durante su infancia viendo, escuchando y experimentando:
“Me introduje en el mundo de la aguja mirando a mi madre y sus amigas cuando cosían en grupo. Después, mi escuela primaria ofrecía costura como actividad extra curricular y yo, que era muy curiosa e intentaba hacer muchas cosas, lo disfruté mucho. Más tarde, en mi adolescencia empecé a realizar mi propia ropa. Así es como aprendí a utilizar hilo y aguja. Estudié Bellas Artes en la universidad, especializándome en grabado, y supongo que mi trabajo es una combinación de ambas experiencias.”

Ya como artista visual, 
la africana utiliza las telas en la actualidad para hablar principalmente el tema de la identidad y lo que esto significa para ella, ocupándose sobre todo de “la experiencia femenina tanto a nivel personal como a nivel universal.” Sus tapices representan, en su mayoría, momentos de su vida cotidiana (donde ella parece ser un símbolo de todas las mujeres africanas modernas). Ella misma comentó hace tiempo que cree importante que “las historias de mujeres sean contadas por mujeres. Siento que mi propia historia es también colectiva y mi objetivo es encontrar conectividad.”
En este punto, ¿qué proyectos específicos de Billie Zangewa podemos destacar? Ella recuerda con especial cariño su primera muestra: “mi primera exposición de obras textiles llamada Hot in the City (Calor en la ciudad) siempre estará ligada a una sensación irrepetible.” Pero seguramente una de sus piezas más conocidas es The Rebirth of the Black Venus, inspirado en la obra El nacimiento de Venus de Botticelli y la historia trágica de la Venus negra Saartije: “se trata de la explotación histórica del cuerpo femenino negro (como ejemplifica la historia de La Venus hotentote) así como el descubrimiento de su poder en una reencarnación moderna.” Tras ella, todos sus tapices con escenas cotidianas son piezas para coleccionar.

Para terminar este monólogo, dos preguntas interesantes. La primera: ¿qué otros artistas  inspiran a Zangewa? Se pueden nombrar a los diseñadores Issey Miyake, Dries Van Noten y Rei Kawakubo (creador de la marca Comme des Garçons); el pintor y escritor Yayoi Kusama; los escritores Dambudzo Marechera y Chimamanda Ngozi Adichie; o los cantantes Busi Mhlongo y Brenda Fassie. Y ¿cuáles son sus artistas favoritos en Sudáfrica? Responde tajante: “Marlene Dumas, Lebohang Kganye, Tracey Rose y Jane Alexander son increíbles artistas. Escoger un artista favorito es como un color favorito, imposible.”
¿Objetivos? Muchos, pero especialmente “ser una buena madre para mi hijo, ser feliz y continuar disfrutando de lo que hago y creciendo como persona y artista.
Y aquí acabamos por hoy. Este artículo solo muestra unas pequeñas pinceladas sobre el trabajo de Billie Zangewa, pero podéis encontrar más información en la web Afronova (aquí) y en la web de Las Hilanderas (aquí), o ver el reportaje realizado por la BBC (aquí).

viernes, 15 de diciembre de 2017

#Womanarthouse: Annegrete Soltau

La iniciativa Woman Art House continua cada lunes en Twitter con el objetivo de poner en relieve el trabajo de mujeres artistas contemporáneas. El pasado lunes, 11 de de diciembre de 2017, fue de nuevo mi turno y hablé de Annegret Soltau, una artista nacida en Lüneburg (Alemania) en enero de 1946. Su trabajo fue referente fundamental en los años 70 y 80, aunque aún sigue en activo creando piezas realmente increíbles… ¡Os dejo un pequeño resumen de lo que se contó en Twitter!




En primer lugar, es importante destacar que la infancia de esta creadora alemana no fue fácil. La propia Soltau contó en una ocasión que era una “hija ilegitima” y eso siempre se consideró una mancha en su juventud: “en mi pueblo, la gente a menudo me llamaba Wechselbalg, una mocosa de padres desconocidos porque nadie sabía quién era mi padre”.
Se crió con su madre y abuela sufriendo ciertas dificultades: “crecí en una granja y nunca tuve tiempo para mi. Cuando otros niños iban a nadar, a mi me decían `Tienes que recoger heno, tienes que traer las remolachas, tienes que recoger las fresas´… Incluso en invierno estaba ocupada: tenía que salir fuera y separar plantas, o ayudar con la carnicería y coser los intestinos. No pude hacer lo que me interesaba. No tuve tiempo de leer y no tenía ningún libro.” Palabras duras, a las que añade: “No se me permitió leer ni hacer las cosas que me gustaban. Siempre me dijeron que no, que tenía que tejer." El hilo se convirtió posteriormente en una de sus señas de identidad artística, pero siempre tuvo con ese material una relación de amor-odio por esa obligación infantil.
Aunque tuvo la posibilidad de estudiar en el colegio, empezó a ganar dinero en su adolescencia ya que nunca recibió “ni un penique” de su madre (“ella nunca me dio nada”, tal como ha comentado). Desde los 16 años aproximadamente trabajo en lugares tan dispares como el Dresdner Bank, la consulta de un doctor que trataba a víctimas de accidentes en Hamburgo, diversos bares e, incluso, estuvo en Inglaterra como au-pair. Pese a ello tuvo clara su afición artística desde muy pronto y decidió formarse.
Comenzó sus estudios superiores en 1967, estudiando primero pintura y artes gráficas en el Hochschule für Bildende Künste (la universidad de las artes de Hamburgo). Fue allí donde recibió clases de maestros tales como Hans Thiemann, Kurt Kranz, Rudolf Hausner o David Hockney. Posteriormente continuó su formación artística en Viena (asistiendo a la Academia de Bellas Artes), Milán o Roma.
¿Qué recuerdos tiene de esos años? “Durante mis estudios sólo enseñaban hombres, no mujeres. Y además no podías esperar mucho apoyo del profesorado si el estilo de tu trabajo no era similar al suyo. Me cambiaba a menudo de clase.

A pesar de los problemas, continuó con ilusión su carrera artística y se decantó pronto por la performance y la fotografía como medios de expresión. Utilizando en la mayoría de las ocasiones su cuerpo o el cuerpo de gente que conocía, empezó a reflexionar sobre el cuerpo femenino, la familia, la sexualidad, la maternidad, la enfermedad, la violencia o el paso del tiempo. Y aún recuerda con detalle la repercusión que tuvo su primera exposición: “el titular del periódico local decía: Mujeres de Annegret Soltau. Me preguntaba por qué lo decían: ¿sólo dibujaba mujeres? Simplemente había comenzado conmigo mismo. Yo era un ser humano. No estaba creando una distinción clara entre hombres y mujeres (…). Los seres humanos son mi tema. No quiero crear la impresión de que sólo la mitad de la humanidad me interesa, y que excluyo deliberadamente a la otra mitad de mi trabajo (…). Sólo quería trabajar de una forma directa y física con mi propia apariencia."
Los años 70 fueron especialmente productivos. Soltau creó lo que ella misma llamaba body drawing o dibujo corporal: “en vez de hacer una linea en un papel o dentro de los bordes de la placa de metal, use hilo real como herramienta para dibujar directamente en mi cara, en mi cuerpo y en el de otras personas.” Y no sólo eso: también realizaba foto-costura... reconstruía, reconectaba y cosía fragmentos de fotos suyas, de su familia y de amigos, e incluso insertaba partes de imágenes de animales, para crear imágenes totalmente nuevas.

Muchas de las piezas creadas desde entonces destacan fundamentalmente por trabajar con las ideas de destrucción y reconstrucción. Soltau suele utilizar pedazos de fotografías e instantáneas que rompe, corta, rasga y cose. Una forma singular de basarse en la destrucción, la auto-mutilación o la división para dar origen a algo totalmente nuevo, diferente, único. Una metamorfosis dolorosa y bella a partes iguales. La propia artista defiende su interés por el cuerpo con las siguientes palabras: “durante mucho tiempo me he interesado en Leibphilosophie (la filosofía del cuerpo) y he intentado ponerme en contra de los dictados de la belleza, además de intentar entender a los hombres y mujeres existencialmente.”
Dentro de su extensa carrera, ¿qué obras podemos destacar? Para empezar hay que nombrar sin duda Self (1975-76), una serie compuesta por fotos suyas cosidas con hilo negro: “Comencé documentando fotográficamente mi performance Selbst, donde pasaba un hilo negro por mi cara. Tras ello decidí coser los retratos que surgieron con un hilo de seda gris, usando la fotografía como una forma de presentar la técnica del sobre-cosido.”

También podemos destacar una de sus series más complejas y elaboradas, Generativ (1994-2005). Está compuesta por fotografías en las que “construye” cuerpos desnudos con partes de algunas mujeres de su familia (su abuela, su madre, su hija y ella misma). Generativ muestra, en el fondo, todo el lapso de cambio corporal entre jóvenes y mayores, entre el cuerpo de edad que se desvanece y el cuerpo emergente en la pubertad.

Una forma curiosa e impactante de crear…  Ella misma dijo que su inspiración "viene de mi vida personal y de los alrededores; soy consciente de lo que sucede en nuestra sociedad de una manera sismográfica. Mis ideales por supuesto cambian con el tiempo.”
Y ¿qué planes tiene para el futuro? Soltau nos lo cuenta: “muchos de mis trabajos son series. Me ocupo de un tema hasta que me aburro o hasta que otro se convierte en algo más importante para mi. En este momento estoy todavía trabajando en la serie KörperÖffnungen. Y además, debido a mi edad, estoy preparando también mi propio catálogo razonado. Este trabajo se ha convertido en un monstruo y no sé cuando podré terminarlo.”

Si queréis conocer más a esta creadora, podéis leer una de sus últimas entrevistas en español publicada en la página web de Las Hilanderas (AQUÍ)… Y también os recomiendo visitar su página web: www.annegret-soltau.de
Pero recordad, aún así, que #womanarthouse no acaba aquí. El próximo lunes 18 de diciembre, Sara Torres hablará del trabajo de  Remedios Varo en Twitter. ¡No os lo perdáis!