viernes, 15 de diciembre de 2017

#Womanarthouse: Annegrete Soltau

La iniciativa Woman Art House continua cada lunes en Twitter con el objetivo de poner en relieve el trabajo de mujeres artistas contemporáneas. El pasado lunes, 11 de de diciembre de 2017, fue de nuevo mi turno y hablé de Annegret Soltau, una artista nacida en Lüneburg (Alemania) en enero de 1946. Su trabajo fue referente fundamental en los años 70 y 80, aunque aún sigue en activo creando piezas realmente increíbles… ¡Os dejo un pequeño resumen de lo que se contó en Twitter!




En primer lugar, es importante destacar que la infancia de esta creadora alemana no fue fácil. La propia Soltau contó en una ocasión que era una “hija ilegitima” y eso siempre se consideró una mancha en su juventud: “en mi pueblo, la gente a menudo me llamaba Wechselbalg, una mocosa de padres desconocidos porque nadie sabía quién era mi padre”.
Se crió con su madre y abuela sufriendo ciertas dificultades: “crecí en una granja y nunca tuve tiempo para mi. Cuando otros niños iban a nadar, a mi me decían `Tienes que recoger heno, tienes que traer las remolachas, tienes que recoger las fresas´… Incluso en invierno estaba ocupada: tenía que salir fuera y separar plantas, o ayudar con la carnicería y coser los intestinos. No pude hacer lo que me interesaba. No tuve tiempo de leer y no tenía ningún libro.” Palabras duras, a las que añade: “No se me permitió leer ni hacer las cosas que me gustaban. Siempre me dijeron que no, que tenía que tejer." El hilo se convirtió posteriormente en una de sus señas de identidad artística, pero siempre tuvo con ese material una relación de amor-odio por esa obligación infantil.
Aunque tuvo la posibilidad de estudiar en el colegio, empezó a ganar dinero en su adolescencia ya que nunca recibió “ni un penique” de su madre (“ella nunca me dio nada”, tal como ha comentado). Desde los 16 años aproximadamente trabajo en lugares tan dispares como el Dresdner Bank, la consulta de un doctor que trataba a víctimas de accidentes en Hamburgo, diversos bares e, incluso, estuvo en Inglaterra como au-pair. Pese a ello tuvo clara su afición artística desde muy pronto y decidió formarse.
Comenzó sus estudios superiores en 1967, estudiando primero pintura y artes gráficas en el Hochschule für Bildende Künste (la universidad de las artes de Hamburgo). Fue allí donde recibió clases de maestros tales como Hans Thiemann, Kurt Kranz, Rudolf Hausner o David Hockney. Posteriormente continuó su formación artística en Viena (asistiendo a la Academia de Bellas Artes), Milán o Roma.
¿Qué recuerdos tiene de esos años? “Durante mis estudios sólo enseñaban hombres, no mujeres. Y además no podías esperar mucho apoyo del profesorado si el estilo de tu trabajo no era similar al suyo. Me cambiaba a menudo de clase.

A pesar de los problemas, continuó con ilusión su carrera artística y se decantó pronto por la performance y la fotografía como medios de expresión. Utilizando en la mayoría de las ocasiones su cuerpo o el cuerpo de gente que conocía, empezó a reflexionar sobre el cuerpo femenino, la familia, la sexualidad, la maternidad, la enfermedad, la violencia o el paso del tiempo. Y aún recuerda con detalle la repercusión que tuvo su primera exposición: “el titular del periódico local decía: Mujeres de Annegret Soltau. Me preguntaba por qué lo decían: ¿sólo dibujaba mujeres? Simplemente había comenzado conmigo mismo. Yo era un ser humano. No estaba creando una distinción clara entre hombres y mujeres (…). Los seres humanos son mi tema. No quiero crear la impresión de que sólo la mitad de la humanidad me interesa, y que excluyo deliberadamente a la otra mitad de mi trabajo (…). Sólo quería trabajar de una forma directa y física con mi propia apariencia."
Los años 70 fueron especialmente productivos. Soltau creó lo que ella misma llamaba body drawing o dibujo corporal: “en vez de hacer una linea en un papel o dentro de los bordes de la placa de metal, use hilo real como herramienta para dibujar directamente en mi cara, en mi cuerpo y en el de otras personas.” Y no sólo eso: también realizaba foto-costura... reconstruía, reconectaba y cosía fragmentos de fotos suyas, de su familia y de amigos, e incluso insertaba partes de imágenes de animales, para crear imágenes totalmente nuevas.

Muchas de las piezas creadas desde entonces destacan fundamentalmente por trabajar con las ideas de destrucción y reconstrucción. Soltau suele utilizar pedazos de fotografías e instantáneas que rompe, corta, rasga y cose. Una forma singular de basarse en la destrucción, la auto-mutilación o la división para dar origen a algo totalmente nuevo, diferente, único. Una metamorfosis dolorosa y bella a partes iguales. La propia artista defiende su interés por el cuerpo con las siguientes palabras: “durante mucho tiempo me he interesado en Leibphilosophie (la filosofía del cuerpo) y he intentado ponerme en contra de los dictados de la belleza, además de intentar entender a los hombres y mujeres existencialmente.”
Dentro de su extensa carrera, ¿qué obras podemos destacar? Para empezar hay que nombrar sin duda Self (1975-76), una serie compuesta por fotos suyas cosidas con hilo negro: “Comencé documentando fotográficamente mi performance Selbst, donde pasaba un hilo negro por mi cara. Tras ello decidí coser los retratos que surgieron con un hilo de seda gris, usando la fotografía como una forma de presentar la técnica del sobre-cosido.”

También podemos destacar una de sus series más complejas y elaboradas, Generativ (1994-2005). Está compuesta por fotografías en las que “construye” cuerpos desnudos con partes de algunas mujeres de su familia (su abuela, su madre, su hija y ella misma). Generativ muestra, en el fondo, todo el lapso de cambio corporal entre jóvenes y mayores, entre el cuerpo de edad que se desvanece y el cuerpo emergente en la pubertad.

Una forma curiosa e impactante de crear…  Ella misma dijo que su inspiración "viene de mi vida personal y de los alrededores; soy consciente de lo que sucede en nuestra sociedad de una manera sismográfica. Mis ideales por supuesto cambian con el tiempo.”
Y ¿qué planes tiene para el futuro? Soltau nos lo cuenta: “muchos de mis trabajos son series. Me ocupo de un tema hasta que me aburro o hasta que otro se convierte en algo más importante para mi. En este momento estoy todavía trabajando en la serie KörperÖffnungen. Y además, debido a mi edad, estoy preparando también mi propio catálogo razonado. Este trabajo se ha convertido en un monstruo y no sé cuando podré terminarlo.”

Si queréis conocer más a esta creadora, podéis leer una de sus últimas entrevistas en español publicada en la página web de Las Hilanderas (AQUÍ)… Y también os recomiendo visitar su página web: www.annegret-soltau.de
Pero recordad, aún así, que #womanarthouse no acaba aquí. El próximo lunes 18 de diciembre, Sara Torres hablará del trabajo de  Remedios Varo en Twitter. ¡No os lo perdáis!

miércoles, 22 de noviembre de 2017

#Womanarthouse: María Gimeno

La iniciativa Woman Art House, de la que hablábamos hace unas semanas en este mismo blogcontinua con el objetivo de poner en relieve el trabajo de mujeres artistas contemporáneas. Cada lunes, a mediodía, se lanza un nuevo hilo en Twitter dedicado a una de estas creadoras, que podréis seguir a través del hashtag #womanarthouse. El próximo 27 de noviembre hablaremos de la artista Ángela de la Cruz con Emma Trinidad y estáis todos invitados a uniros al debate. Mientras esperamos, os informo de que el pasado 20 de noviembre tuve el honor de ser la responsable del pequeño homenaje que hicimos a la artista española María Gimeno y os quiero dejar un pequeño resumen de lo que se contó.


María Gimeno nació en Zamora en 1970 y se formó entre España e Italia. ¿Por qué decidió hacerse artista? En una entrevista para el periódico ABC, ella misma respondió: “No tengo ni idea. Supongo que tuve una necesidad, un impulso interno por hacer algo así.

A la hora de elegir su carrera universitaria, la artista se decantó por hacer Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid, aunque no fue fácil: “me costó bastante entrar (…), aunque tenía clarísimo que ese era mi deseo. Se interpuso otra carrera entremedias para satisfacer a mis padres y los años de huelgas en la facultad, pero al fin lo conseguí.” Consiguió licenciarse en 1996 y desde entonces vive en Madrid, donde ha desarrollado gran parte de su carrera artística.

Pero ¿dónde trabaja exactamente? Siempre ha realizado su actividad creativa en estudios. Tuvo, de hecho, su primer espacio artístico bastante pronto: “Fue en el sótano de casa de mi madre. Hasta ese momento estaba pintando en mi habitación y era horrible porque pintaba con óleo y los olores eran muy fuertes.” Después pasó por otros dos estudios hasta llegar al que usa actualmente (en La Latina): “Es mi espacio; mío-mío. Muchas veces estoy aquí sin hacer nada. Es un lugar seguro, me siento muy a gusto. Me encanta.” Lo más curioso  es que hace poco  descubrió que en el edificio donde está este estudio actual vivió y murió la escultora barroca Luisa Roldán, tal como contó a la revista Madriz“me llamaron del Departamento de la Recuperación Histórica del Ayuntamiento y me dijeron que habían averiguado que este edificio formaba parte de las casas del palacio del Duque del Infantado, mecenas de la escultora, y que aquí vivió y murió la Roldana. Llamaban para preguntar si podían poner la placa conmemorativa en la fachada. ¡Me quedé lívida! Me hizo muchísima ilusión… Este espacio tiene algo especial, por lo visto, durante la Guerra Civil venían aquí a bailar para olvidarse un poco de las penurias”.


En cuanto a su trabajo, Gimeno se considera así misma una artista multidisciplinar que ha trabajado con video, performance, escultura, dibujo o fotografía. Tal como ella comentó, “no me ato a ninguna técnica… ¿para qué? Cada pieza, cada proyecto, necesita ser expresado con uno u otro lenguaje.” A pesar de ello, destaca principalmente su trabajo como performer y su uso del hilo y la aguja.


¿Cómo es su proceso creativo? Ella misma lo explicó claramente en la web de Las Hilanderas: “supongo que todo comienza con una intuición, con una necesidad de agarrar una idea, una imagen, una sensación de que hay algo importante que quieres contar. Las intuiciones empiezan y terminan muchas veces en nada o en todo. Cuando veo algo muy claro simplemente lo hago, lo hago porque sé que es lo que tengo que hacer, porque por algún motivo sé que es lo acertado… y, aunque conceptualmente parezca que esté cogido con pinzas porque aún es demasiado pronto para explicarlo con fundamento, hay algo curioso: generalmente las intuiciones son bastante certeras, mucho más complejas y ricas de lo que uno pudiera pensar en un primer momento.” Sea como sea, la artista es consciente de que muchos de sus proyectos son largos y tardan en terminarse: “mi trabajo es en general un poco lento, me gusta desarrollar ideas que se ligan al transcurrir del tiempo y va unido al conocimiento de mi estar en este mundo… Llevo a cabo procesos con tiempos medievales.”

Mirando ya más detalladamente sus obras, podemos destacar algunos trabajos como Poligamia (una instalación realizada con una serie de hilos multicolor), Every day an artist (para el cual se realizó un retrato cada día durante un año) o Cage Acction (un proyecto en el que una mujer está en el interior de una especie de jaula o Burqa de tela que poco a poco se va destejiendo). Pero quizás una de sus obras más destacables es Queridas Viejas: es un proyecto performativo con el que quiso completar el manual La Historia del Arte de Gombrich introduciendo la historia de las mujeres que el libro original había olvidado.


Durante su extensa carrera Gimeno ha expuesto su obra de manera constante en galerías y museos por distintos lugares del mundo como Zamora, Madrid, Bilbao, Berlín, París, Basilea o Guadalajara. Su obra forma parte de importantes colecciones privadas, y ha obtenido varios premios como la mención de honor en Generaciones 04 de Caja Madrid (2004), el Primer Premio de Escultura del Certamen de Jóvenes Creadores del Museo de la Ciudad (1999), o el Primer Premio de Pintura El Foro (1996). Actualmente trabaja con la galería Claudia Arbulu, espacio que la describe con las siguientes palabras: “su trabajo es femenino y feminista, implicado con la situación de la mujer en el siglo XXI y con el compromiso de ser artista." Si queréis saber más sobre esta artista, os recomiendo sin duda visitar su página web www.mariagimeno.com y bucear entre todos sus proyectos.

jueves, 9 de noviembre de 2017

El fenómeno de los nostálgicos y apasionados

"Toda pasión colinda con lo caótico, 
pero la pasión del coleccionista colinda
con un caos de recuerdos
Walter Benjamín (1892-1940)


¿Qué es coleccionar? 
Difícil pregunta a la que nos enfrentamos hoy, a pesar de su aparente inocencia. Responderla me parece una tarea titánica llena de curvas y recovecos que darían para varios capítulos en cualquier investigación. Aun así, intentaré ordenar mis pensamientos en unas cuantas líneas y espero (por vuestro bien) que las alas de mi imaginación no se desaten en excesivo.
Para comenzar este monólogo, quiero mencionar que el acto de coleccionar me parece un fenómeno sorprendente, capaz de apoderarse del corazón, del deseo y de la cartera de los más nostálgicos y apasionados. Unas pocas palabras serán suficiente para definir dicho fenómeno: no es más que un acto de recolección en el que una persona o institución reúne, como si fuera un agricultor, objetos de naturaleza similar bajo un mismo techo. Mediante adquisiciones, trueques u otros procedimientos, acumula piezas del pasado con la intención de recuperar sus historias del olvido, liberarlas del abandono y deterioro en los que algún día sucumbieron. Tal como dijo el profesor e investigador Jezreel Salazar, un coleccionista llega a ser “un ejercitador de la memoria: vive gracias al recuerdo y lleva a cabo un esfuerzo por no olvidar”.

Es verdad que muchos coleccionistas parecen comenzar su recolección de forma incoherente, confusa y desordenada. Se dejan llevar más por el corazón y los sentimientos que por la razón, pero poco a poco la propia colección va tomando forma. Los objetos, inconexos a primera vista, parecen complementarse con el tiempo y consiguen crear historias conjuntas, narrativas complejas y discursos interesantes al presentarse unos junto a otros. Poco a poco el coleccionista se convierte en un ser a medio camino entre el historiador y el archivista, cuya función es recuperar, inventariar y dar sentido a objetos olvidados a través de una narrativa común. No puedo dejar de pensar, de nuevo, en otras palabras de Salazar increíblemente ciertas:
Detrás del caos aparente y en medio de las satisfacciones a medias, el coleccionista lleva a cabo siempre un ejercicio de reordenamiento, mental y real, de los objetos que conforman su acervo. Hay una intención de completud y de jerarquización de aquello que se posee. El coleccionista tiende a interpretar el pasado en función de un orden imaginario. Es el encargado de darle un sentido y unidad a la diversidad de formas y estilos presentes en su colección”.
Pero cuidado: a pesar de la satisfacción que supone ser capaz de ir creando y dando forma a una colección, es importante mencionar que coleccionar es una tarea complicada que en muchas ocasiones se vuelve toda una obsesión. Los coleccionistas se convierten, prácticamente, en cazadores de tesoros capaces de vivir, soñar y respirar por un único fin: conseguir aquellas piezas que les faltan para completar sus colecciones. Una tarea colosal, gigantesca, que requiere de tiempo, paciencia y búsquedas interminables. Y a pesar de esos tres pilares, hay piezas que se resisten y nunca llegan a conseguirse, llenando de angustia, frustración e impaciencia a nuestros protagonistas.
Tal como escribió Mario H. Gradowczyk, “a la voluntad del coleccionista de navegar por una colección de objetos, se opone su angustia por no poder completar la serie soñada”. Coleccionar debe verse como una actividad a largo plazo que en la mayoría de los casos nunca llega a su fin. Una colección es como una amante en la que se gastan recursos, horas y energía y no siempre devuelve el favor.
Pero a pesar de las dificultades que surgen en el camino, cualquier coleccionista (sea particular o institucional) debe ser visto como un héroe con un importante rol cultural y social: conservar aquellos elementos que el Estado y la sociedad no protegen (por desinterés o imposibilidad). Una acción gigantesca, solitaria y, en muchos momentos, incomprendida.

Texto escrito para el blog de la Fundación Mapfre.
Más información AQUÍ

domingo, 5 de noviembre de 2017

#Womanarthouse

La historiadora norteamericana Linda Nochlin, recientemente fallecida, escribió en 1971 un articulo clave dentro de la historia del arte, bajo el título ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas? Tal como demostraba con tan sólo unos párrafos, las mujeres habían sido sistemáticamente olvidadas por el discurso oficial: sus obras no se exponían en museos, no aparecían en libros y no se discutía sobre ellas. Parecían no haber existido jamás. Y lo más triste es que ese olvido parece que ha continuado en los últimos años, aunque han salido ya muchas voces en su contra. 

Ante esta situación, ante esta injusticia, varias profesionales del arte nos hemos unido para mover conciencias (Sara Torres, Emma Trinidad, Isabel González y yo misma). Las cuatro hemos comenzado una iniciativa titulada Woman Art House con la que queremos mostrar esa parte de la historia artística obviada, escondida y rechazada durante siglos. Pero ¿en qué consiste realmente este proyecto?


Todos los lunes una de nosotras promociona el trabajo, la historia y la vida de alguna mujer artista elegida previamente e intenta generar debate y conversación entorno a ella con toda aquella gente interesada en participar. Para conseguir más impacto, utilizamos una de las herramientas más abiertas, accesibles y sociables que existe en estos momentos: Twitter. A través de una serie de tweets difundimos, escuchamos y generamos movimiento en la red social, promocionando el trabajo de esas creadoras olvidadas. 

Muchos se preguntan de dónde surge el nombre de la iniciativa. Fácil respuesta: es todo un guiño a la historia de las mujeres en el arte. Womanhouse fue, de hecho, el nombre de la primera exposición feminista organizada por Judy Chicago y Miriam Schapiro en 1972. En ella un grupo de estudiantes intervino una casa abandonada en Los Ángeles convirtiéndola en una proclama del arte creado por mujeres. Un gesto que ha quedado en los anales de la historia y que nosotras queremos recuperar para seguir luchando contra el olvido, contra las desigualdades, contra las injusticias. 

La iniciativa ya tiene dos semanas de vida, tiempo suficiente para haber hablado ya de dos artistas destacables: Maruja Mallo y Louise Bourgeois. Y mañana es el turno de la tercera, Carolee Schneemann. Si estáis interesados, sólo os aconsejamos una cosa: estar atentos al hastage #womanarthouse en Twitter, escuchar y aprender de todo lo que se difunde, y participar con todo aquello que queráis.

Por supuesto estamos dispuestas a que sea un proyecto continuado y “a que se añadan nuevas colaboradoras en un futuro” tal como dice Sara. ¡A mover el esqueleto y teclear en vuestro móvil! 

Maruja Mallo

viernes, 27 de octubre de 2017

`Mutaciones´ de Ruth Peche

Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza 
habla mientras el género humano no la escucha
 — Victor Hugo —

Bien es sabido que la naturaleza ha sido una fuente de inspiración para artistas y creativos durante siglos. Aunque esa naturaleza ha sido capaz de aterrorizar a generaciones enteras por su indomabilidad, misterio y superficie, muchos de los elementos que la componen nos han conquistado por su belleza, pureza y libertad. Ruth Peche recoge en sus obras esa fascinación por nuestro entorno, pero enfrentando lo natural con una de sus peores amenazadas: la huella del ser humano. 
La relación entre naturaleza y humanidad se respira, sin duda, en su último proyecto: la exposición Mutaciones, que se abrirá el próximo 3 de noviembre en el Palacio de Pimentel (Valladolid). En ella se presenta una serie de obras que reflejan un problema poco publicitado pero realmente trágico: la contaminación de los entornos naturales por la basura y los residuos surgidos del consumo humano, muchos de ellos no biodegradables y tóxicos. Sus piezas son, indudablemente, una representación visual de una de las afirmaciones más tristes del oceanógrafo Charles Moore: “nosotros, los humanos, producimos la basura que la naturaleza no puede digerir”.
Las obras de Peche representan imágenes de una realidad cruel, siniestra y amarga, pero presentada curiosamente de forma sublime y poética. La artista busca despertar nuestra conciencia medioambiental mediante imágenes estéticamente cuidadas y delicadas. Los plásticos y demás residuos protagonistas son tratados de forma escultórica para crear objetos seductores y bellos que, a la distancia, parecen confundirse con el entorno en el que se encuentran. Peche está queriendo seducir y atraer nuestra mirada para que, ya de cerca, nos preguntemos qué es lo que vemos, de dónde surgen esos productos, qué es lo que estamos haciendo. Mediante la elegancia visual, quiere que reflexionemos sobre la catástrofe que estamos provocando: nuestra intervención en el ciclo natural de la vida y la muerte introduciendo materiales que no se degradan, sólo mutan con el tiempo. Los espectadores podemos disfrutar de la belleza de aquello que nos da miedo, de la belleza de lo amenazante, de lo fascinante de lo terrorífico.
Los trabajos de la madrileña son una continua batalla de opuestos que juegan con nuestra percepción: en ellos vemos lo natural y lo humano, lo orgánico y lo sintético, lo real y lo artificial, lo bello y lo trágico, la vida y la muerte. Con todas esas contradicciones, el objetivo final de la exposición sigue siendo claro: “llamar la atención”, según las propias palabras de Ruth, “sobre la difícil coexistencia entre nuestro sistema de vida actual, la evolución natural del paisaje y las consecuencias futuras que puede acarrear”. Igual que otros artistas como Irene Sanfiel (alias Zireja) y su proyecto The Waste Coast, Mandy Barker y su obra Soup o Catalina Bauer y su trabajo Mapa, Peche quiere abofetear a esa sociedad adormilada ante la destrucción de nuestro entorno y preguntarnos qué queremos dejar a sus hijos.


Texto publicado en el catálogo de la exposición Mutaciones
Más información sobre la muestra:

Dirección:
Palacio de Pimentel
C/ Angustias 44
Valladolid

Fechas:
del 3 de noviembre al 3 de diciembre.

Inauguración:
3 de noviembre - 20 horas.

miércoles, 4 de octubre de 2017

`Second Wind´ de James Turrell, un encuentro inesperado

Provincia de Cádiz, finales de agosto. La sensación térmica hacía que cualquier prenda de ropa, incluso la más fina, molestase con sólo rozar la piel. No era el desierto del Sáhara pero lo parecía. Mi pareja y yo recorríamos la costa en una autocaravana de 5 metros cuadrados, una casa rodante en la que podíamos cocinar acostados en la cama o conducir mientras nos duchábamos. Una forma de viajar curiosa que mezclaba aventura y locura a partes iguales. 

Los primeros días fueron intensos: creo que no dejamos ni un pueblo o playa sin visitar. Pero tras diez jornadas recorriendo fauna y flora, necesitábamos nuevos planes para no morir por repetición: los ojos estaban ya cansados de tantas fachadas blancas decoradas con flores y la piel no podía estar más roja por la mezcla de crema, sol y arena. Una tarde que conducíamos hastiados por la carretera que une Tarifa y Vejer de la Frontera nos encontramos con una sorpresa grata: unas señales que nos llevaban directos a la Fundación NMAC, un curioso lugar escondido dentro de nuestras fronteras.

Se trata de un espacio museístico de carácter privado inaugurado en junio de 2001 y dedicado al arte contemporáneo. Más específicamente busca estudiar esas relaciones que se crean entre arte y naturaleza cuando ambos elementos confluyen en un mismo espacio. De hecho la fundación se encuentra en un gran terreno natural abierto al cielo en el que se exponen proyectos site-specific creados por artistas de diversas nacionalidades. Un tesoro lleno de tesoros. En unas 500 hectáreas aproximadamente los visitantes podemos encontrar trabajos de artistas de la talla de Pilar Albarracín, Mauricio Cattelan, Marina Abramovic, Shen Yuan o Susana Solano. 

Pero entre todos ellos yo destacaría un nombre en especial: James Turrell (Pasadena, California, 1943). Descendiente de una familia de cuáqueros, este artista estudió matemáticas, psicología de la percepción y aviación y la mezcla de todos esos conocimientos han contribuido a que haya sido capaz de crear piezas visualmente estudiadas, sugerentes y poéticas. En todas ellas se respira un común denominador: el uso de la luz, pero no como un elemento más de construcción sino como un fin en si mismo. Turrell parece defender que la luz es el detonante de la existencia, el aspecto más elemental de la vida, y quiere centrarse en ella, en lo que con ella se puede crear y el efecto que tiene en quién la ve. 

Para la fundación andaluza creo especificamente Second Wind, una pieza que forma parte de su serie Skyspaces y que fue inaugurada hace ya doce años (en 2005). ¿En qué consiste realmente? Es una estructura subterránea con forma de pirámide truncada a la que se accede a través de un túnel. En su interior tiene una estupa de piedra sobre un depósito de agua y esta estupa cuenta, como el resto de las obras de la misma colección, con una abertura en el techo para observar el cielo. Los visitantes pueden sentarse en bancos establecidos en el interior y disfrutar del cielo y de los cambios lumínicos, además de meditar sobre su propia percepción de la realidad. A mi me recuerda realmente a una capilla en la que la luz busca ayudarnos a relajarnos, a meditar, a reflexionar, a  percibir el exterior y a encontrarnos a nosotros mismos (más allá de cualquier creencia religiosa personal). 

En mi caso particular esta pieza fue todo un descubrimiento. A pesar de su sencillez fue capaz de captar nuestra atención y hacernos disfrutar del espacio y de la luz de un día especialmente soleado. Tras nuestro largo viaje en caravana con sus pros y contras, sus alegrías y sus batallas, esta experiencia nos ayudo a olvidar el sofocante calor del exterior, a relajarnos y a percibir algo tan esencial y básico como el poder de la luz misma.












Para más información sobre esta pieza, podéis visitar la 
página web de la Fundación 
pinchando AQUÍ

miércoles, 23 de agosto de 2017

Oda al dibujo

Artículo escrito para el blog de la Fundación Mapfre.

Las primeras palabras que pronunció Pablo Picasso, según cuenta la leyenda, fueron “piz, piz” con apenas un año. Aquel pequeñín, que todavía no sabía hablar en condiciones, pedía tan solo un lápiz para poder dibujar. Una anécdota insignificante dentro de la biografía de Picasso, pero capaz de mostrarnos como el malagueño ya apuntaba maneras durante su más tierna infancia.

Sea o no una historia veraz, podemos afirmar que muchos de nosotros empezamos a dibujar incluso antes que a cotorrear. Trazar garabatos es casi la primera manera que tenemos de expresar nuestros sentimientos al mundo. Es una acción que parece surgir de forma natural cuando somos niños, durante los años en los que nuestra personalidad se va formando. Pero a pesar de la importancia del dibujo en nuestro desarrollo infantil, llega un momento en el que los adultos deciden cortarnos las alas de la creatividad. A ciertas edades ya no sé ve con buenos ojos gastar nuestro tiempo con lápices y papeles; debemos dejar la infancia atrás y centrarnos en materias más serias que nos formarán, según nos dicen, para el futuro.

Pero no debemos pensar que ese rechazo hacia el dibujo es solo característico de la sociedad civil. Durante siglos el dibujo ha sido visto, dentro del mundo del arte, como un actividad secundaria que no tiene tanta dignidad como la pintura, la escultura o la arquitectura. Las academias decimonónicas, por ejemplo, utilizaban el dibujo simplemente como medio formativo para entrenar el ojo de los estudiantes, mientras que numerosos artistas ya consagrados lo usaban solo como un paso preparatorio para organizar sus ideas antes de realizar sus obras finales. Los museos e instituciones culturales no han sido, ni mucho menos, mejores: en muchos casos se han negado a mostrar dibujos en sus salas al considerarlos obras menores cuya exposición es, además, problemática debido a su fragilidad e inestabilidad.

Todo esto demuestra como los dibujos han sido, durante gran parte de nuestra historia, uno de los medios más maltratados, denigrados y olvidados en el arte. Sin embargo, tenemos que aprender a reivindicar este medio y entender su potencial. Aunque muchos crean que es una técnica aparentemente sencilla y frágil, es mucho más importante y compleja de lo que parece. Veamos solo tres razones para su consideración.

Dibujar, para empezar, es casi la forma más esencial y primaria que tienen los artistas para expresarse. Tal como dijo la creadora Mariana Varela, “para nosotros, los artistas, es un medio de conocimiento: dibujar es pensar. En el sujeto equivale a hablar” (1). Muchos artistas son incapaces de expresar sus sentimientos en palabras, pero con unos cuantos trazos, con unas cuantas líneas, dan forma a sus pensamientos de forma directa, sencilla e inocente. Reivindicamos el dibujo, al menos, como medio de expresión.

Por otro lado, el dibujo ayuda también a arrojar luz sobre el funcionamiento interno de otras artes: al haber sido utilizada durante años como un paso preparatorio, a medio camino entre la idea y la obra maestra, nos ayuda a conocer todos los secretos y recovecos detrás de las piezas finales (muchas de ellas desaparecidas o estropeadas con el tiempo). Se merece un respeto como archivo visual dentro de la historia del arte.

Para terminar, el dibujo es, asimismo, un medio realmente honrado y honesto. Su aparente fragilidad nos hace acercarnos a las obras y enfrentarnos cara a cara con sus trazos, descubriendo la calidad o la vulgaridad de cada pieza. El dibujo no permite disimular los imperfectos y nos ayuda a ver quién es buen o mal artista con tan solo una línea. El propio Salvador Dalí ya afirmó que "el dibujo es la honestidad del arte. No hay posibilidad de hacer trampas. O es bueno o es malo" (2). La importancia de este medio recae también en su papel para conocer el talento de los artistas.

No podemos olvidar como magníficos artistas de la talla de Durero, Goya, Ingres, Delacroix, o el propio Picasso fueron magníficos dibujantes y algunas de sus piezas a lápiz pueden ser considerados autenticas obras maestras en si mismas. Y no solo eso: numerosos artistas contemporáneos han sido capaces de convertir esta técnica en su medio de expresión principal, destacando por sus originales trabajos (a la cabeza me viene artistas de la talla de Paula Bonet, Guillermo Peñalver o Juan Francisco Casas). Las obras de todos ellos deben comenzar a conquistar las salas de los museos para mostrar su magia, su delicadeza y su elegancia. 

Es cierto que, gracias al esfuerzo de algunos profesionales, van apareciendo proyectos que pretenden destacar y difundir el trabajo de estos dibujantes. Podemos recordar, por ejemplo, algunas exposiciones realizadas en los últimos años, como Dürer to de Kooning: 100 Master Drawings From Munich (2012-2013) o Picasso: The Line (2016); o algunos museos con colecciones maravillosas de dibujo, como el Museo ABC de Dibujo e Ilustración o la propia Fundación Mapfre. Pero todavía queda mucho por hacer, por trabajar, por reivindicar. Luchemos por dar voz a un medio que tiene mucho que decir y todavía poco espacio donde mostrarse.  

Notas

(1) Mariana Varela, “La importancia del dibujo” dentro del libro El dibujo en Colombia: una mirada a la colección del Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia. Texto completo: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/todaslasartes/dibujo/dibujo0.htm

(2)  Frase mencionada por Enrique Viloria Vera en su artículo “Manuel Gutiérrez: dibujante y colorista”, Salamancartvaldia, 12/10/2016. Texto completo en: http://salamancartvaldia.es/not/129683/manuel-gutierrez-dibujante-colorista/